Tarjetas que dan vida

Después de «Subtítulos que matan», el drama que conmocionó a la comunidad traductoril, llega a sus pantallas una historia de amor y superación personal… Nah, es broma. Tendréis que perdonarme, pero son días tensos y estresantes para los que asistiremos a la II International Conference on Video Game and Virtual Worlds Translation and Accessibility. A mí me están temblando ya hasta los menudillos. Una servidora va a proporcionar a los asistentes una voz melodiosa de fondo para que se echen una siesta relajante y, los demás, a contar cosas muy interesantes sobre traducción, localización, control de calidad y accesibilidad, entre otros maravillosos temas. Si te lo pierdes hay tres opciones: estás loco, estás lejos o estás sin blanca. ¡Menos mal que existe Twitter!

El caso es que este último mes ha sido algo difícil de sobrellevar por diversos motivos personales y profesionales y, para rematar, las entregas de clase han empezado a apilarse de forma monstruosa. Esto pasa siempre que estudias algo: hay dos o tres épocas al año en las que los profesores se ponen de acuerdo sin saberlo de forma misteriosa para hacer coincidir las entregas más importantes en un mismo periodo de tiempo. No sé cómo lo hacéis, queridos profesores, pero tenéis que explotar este don sobrenatural de otra forma. En definitiva, he ido como un muerto viviente de aquí para allá sin ponerle mucha energía o ilusión a la vida. Y eso nunca gusta. Pero no todo es sufrir y el universo te recompensa con detalles pequeños, tontos, pero que te devuelven un poco de energía.

Justo ayer estuve de visita con mis compañeras de prácticas en un estudio de doblaje oyendo cosas realmente escalofriantes y mordiéndome los nudillos para no hacer nada estúpido porque, oye, la ignorancia y el maltrato ajenos no se arreglan con violencia. La vida ya pondrá a cada uno en su sitio. Al final, además de cansada, llegué algo indignada a casa, pero vi que una de mis anteriormente mencionadas compañeras, Nadia, escribió esta entrada sobre sus tarjetas profesionales y lo bien que se sentía al tenerlas. Y entonces me di cuenta de que lo que había escuchado esa mañana sí que había servido para algo: para demostrar que a gente como ella nadie le va a quitar la ilusión, aunque sea realista y sepa que las cosas están jorobadas. Por un oído le entró, por el otro le salió, y eso me dio muchos ánimos para irme a dormir más tranquila y decidir tomarme un día libre (hoy) para recuperar fuerzas.

Esta mañana ha amanecido, no os contaré a qué hora para que no me perdáis el respeto, y lo primero que he visto ha sido un tweet de Curri, que me avisaba de que había llegado a su casa el pedido de tarjetas que hice a Moo. Sí, a su casa, porque esta muchacha tan maja me ha ahorrado unos eurillos de gastos de envío y, además, se ha tomado la molestia de hacerles unas fotos. La verdad es que me he sentido igual que el día de Reyes, pero cuando las he visto me he emocionado más todavía. Han quedado tal y como esperaba. Son mis primeras tarjetas y tenía miedo de que pudiera cambiar mucho el resultado, pero recomiendo encarecidamente el servicio de Moo: no es el más barato, pero es rapidísimo y la calidad es estupenda. Aquí están:

¿Qué os parecen? Todo el esfuerzo y la creatividad en realidad se los debo al diseñador de estas tarjetas, alguien que me conoce muy, muy bien y que ha dado en el clavo a la primera: mi hermano Javier (available for hire ;D). Por más familia que seamos, hacer un trabajo así en tan poco tiempo y sin cambiar apenas ningún detalle después de consultar con el cliente me parece algo admirable. Tengo esa suerte, amigos, me tocó un hermano diseñador, fotógrafo, escritor y en general un tío con talento. Y, de regalo, un novio hecho de la misma masilla. Puedo pagar estas cosas con amor, comida y publicidad gratis en Tumblr, suerte la mía. De todas formas, animo a todo el mundo a buscar a un buen profesional para estas cosas alguna vez en la vida, porque hace mucha ilusión ver el resultado. Claro que las que se curra uno solito también pueden ser estupendas, no hay más que ver los ejemplos que nos mostró Olli ya hace algún tiempo. Hay gente por ahí que hace auténticas maravillas que puede que os sirvan de inspiración. Al final, lo más importante es sentir que en ese pequeño papel hay un poco de nosotros mismos. En este caso, queríamos algo desenfadado y que reflejara cada una de mis áreas de especialidad de una forma simpática y yo estoy muy contenta con el resultado. Además, la idea de incluir un código QR me parece muy útil. Para el logo, a mi hermano se le ocurrió aprovechar la feliz casualidad de que mi inicial y la de mi profesión fueran las mismas que las de las “N. del T.” y crear una especie de imagen corporativa con el asterisco como sello personal. Os dejo otra imagen donde se ve un poco mejor el texto de las tarjetas:

Ahora ya solo queda terminar la página web, hacer que la gente se duerma en la conferencia, conocer a más gente estupenda y seguir haciendo cosas. Además, el día 22 hará un año que este blog cobró vida y me falta sitio en el ciberespacio para explicaros la cantidad de cambios positivos que ha traído a mi vida. Si me contaran todo lo que me iba a pasar hacer 365 días, jamás me lo habría llegado a creer. Y vosotros, ¿tenéis tarjetas profesionales? ¿Os atrevéis a contribuir a la Semana de la moda tarjetil con una entrada sobre ella? ¡Yo no puedo esperar al jueves para cambiar cromos con mis traductores favoritos!

Anuncios