Stuck in the middle with you

Sí, lo habéis adivinado, esta entrada no va sobre aplicaciones para iPad. Lo siento, la próxima vez será, lo juro por mis pijamas de traductora autónoma, que aparecen retratados en ese ridículo banner nuevo que veis arriba. Tocaba un cambio radical en pos de la legibilidad del blog. Como quien no quiere la cosa ya llegamos al final del primer mes de este 2012 que viene prometiendo tantas experiencias buenas a muchos compañeros traductores que ya se estaban mereciendo éxito a raudales en tierras germanas. Mientras ellos sirven como conejillos de indias, mi querida amiga Iris y yo acechamos en la sombra esperando a que la vida sea un poco menos complicada. Todo a su tiempo. ¿O no?

Sobra decir que el año pasado fue posiblemente uno de los mejores de mi vida por numerosos motivos que no merece la pena explicar, salvo el hecho de tener a Buenafuente entre mis fologüers en diversas redes sociales porque, amigos, eso mola y hay que fardar intensamente. Punset, te estás quedando atrás, just sayin’. Como ya se ha pasado ese momento de epifanías de Año Nuevo en el que todos prometemos ser más productivos, comer mejor y llegar más puntuales a las citas para luego no cumplirlo, vamos a centrarnos un poco en el futuro, esa bruma que uno no sabe muy bien cómo interpretar.

Si sois lectores de pata negra, reconoceréis una bella referencia en el título de la entrada, que pasaré a ilustrar bajo estas líneas porque me ha dado la vena artística esta semana, y con un ratillo y unos pinceles cutres de Photoshop una se distrae fácilmente en lugar de atender a sus múltiples obligaciones. El caso es que últimamente me siento un poco así, como el señor Rubio. Impaciente y con ganas de cortarle una oreja al señor de la silla, que no es otro que mi amigo El Máster. No me malinterpretéis, el MTAV es estupendo y estoy aprendiendo muchísimo, pero en los últimos tiempos no puedo evitar sentir que

Sé que la paciencia es una gran virtud y que esperar no mata a nadie, que está muy bien tener ganas de hacer cosas, pero despacito y buena letra. Soy consciente. Sin embargo, siempre me pregunto por qué terminé haciendo un máster y ayer, intentando dejar un comentario en esta entrada, no supe muy bien cómo responder a esa pregunta. Al principio todo encajaba a la perfección: no tenía demasiada experiencia profesional ni grandes expectativas de conseguir nada espectacular demasiado pronto, tenía por delante un año en Terrassa hasta que mi novio acabara sus estudios, el precio era bastante asequible comparado con otros por el estilo y, qué narices, llevaba enamorada del MTAV desde que decidí venirme a estudiar a la UAB. Vamos, que me lancé a la aventura casi por eso, tenía clarísimo en qué quería especializarme y dónde desde hacía muchos años. Dos semanas antes de formalizar la solicitud llegó Tumblr y rompió todos mis esquemas vitales, cosa que sigue ocurriendo a diario, por cierto. En aquel momento me pareció algo increíble a título personal, pero no pensé en las repercusiones que eso podía llegar a tener en mi vida profesional ni la magnitud del asunto, eso es algo que solo he podido ir comprobando con el tiempo. Supongo que a muchos os habrá pasado algo similar. Pensé que me daría poco trabajo a largo plazo y que sería algo perfecto para compatibilizar con las clases, cosa que no es poco cierta, aunque al final ese poco se ha convertido en bastante, pero sigue siendo asequible. El caso es que desde entonces he ido viendo pasar por delante de mis narices decenas de oportunidades en otros países, recomendaciones de amigos y sueños que, aunque sé que estarán ahí dentro de unos meses, tengo muchas ganas de perseguir porque hay quien se ha encargado de dejarme claro que están a mi alcance (¡malditos seáis!). Y eso, claro, te pone ante un difícil dilema, te hace preguntarte «¿estoy donde debería?».

En términos generales no soy una gran defensora de los másteres, porque creo que en parte te preparan para cosas pagando un dineral que deberían formar parte de la carrera y que no tienen que ver solo con tu campo profesional, sino con el salto al mundo laboral. Además, cuando empiezas a trabajar te das cuenta de que lo que se aprende en ese contexto laboral concreto es difícil de suplir a la misma velocidad y con la misma precisión mediante unas clases. Nada, NADA enseña más que experimentar ciertas situaciones y problemas en primera persona, pero claro, eso da miedo, respeto y es difícil de conseguir cuando acabas de licenciarte. Pero no le echemos solo la culpa a la universidad. De alguna forma estás pagando por una experiencia que las propias empresas deberían ofrecerte sin sentir que “están perdiendo el tiempo”. Nadie les pide que te formen, solo que aguanten tus primeras semanas ubicándote sin tener que pagarte necesariamente cuatro duros para que te compres un bocata. El abono transporte corre a tu cuenta, eso sí. Lo llaman prácticas, aunque para ellas tengo un par o tres de palabras especiales. Otro día.

Tampoco os creáis que soy una gran detractora, porque tristemente el mundo real funciona de otra forma, y más con la que tenemos encima. El miedo lo domina todo: las empresas tienen miedo de contratar a un chaval recién salido por si resulta que tiene solo un papel firmado por el rey, pero no habilidades reales, y los estudiantes tienen miedo de echarle huevos y ser ellos mismos, porque está la cosa muy difícil como para demostrar algún tipo de dignidad, originalidad, personalidad o cualquier otra cosa positiva que termine en -dad. En ese sentido un máster es muy útil si de verdad sabes que la especialidad que estás escogiendo es la que te apasiona: te proporciona un papelajo que te da más prestigio que el papelajo anterior (¡es así, señora, yo qué quiere que le diga, échele la culpa a su dios favorito!), te enseñan auténticos profesionales, vas conociendo a gente del mismo campo, disfrutas haciendo los ejercicios y, sobre todo, compruebas por ti mismo si de verdad vales para determinados encargos antes de lanzarte a aceptarlos en el Mundo Real™. Eso es lo que más agradezco de estar combinando un trabajo como el mío con el MTAV: gracias a ambos estoy descubriendo dónde están mis puntos fuertes y dónde flaqueo algo más, o con qué disfruto un poco menos. Quizás por eso hay días en los que pienso que sí, que merece la pena descubrirme un poco mejor antes de lanzarme a hacer nada increíblemente espectacular. Así que aquí estoy, atrapada contigo, pero no lo estamos pasando nada mal. Como en la película.

Diría que el motivo por el que no supe qué contestar es que no creo que algo así se pueda aconsejar o desaconsejar en términos generales, ya que depende de un montón de factores personales, de las oportunidades que puedas haber tenido hasta el momento y, sobre todo, del Máster que sea. El mío es mu bonico, pero puedes vivir sin él también, no te creas. Como siempre aconsejo: haz lo que te diga la patata, que ella es muy sabia. Y luego seguro que hay días que en los que te arrepentirás, y otros en los que no, porque los seres humanos somos así de tontos y de inconformistas.

De momento solo sé que el sueño de ver en la red el que será el mejor webcómic de la década, Señores de casa, ilustrado, programado y protagonizado por Albert y Aitor, tendrá que esperar. Eso sí, cuando llegue, temblad.

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APTIC y sus consejos prácticos para el mundo laboral

El pasado día 8 de abril tuvo lugar en la Facultad de Traducción e Interpretación de la UAB una charla muy interesante sobre cómo introducirse en el mundo laboral, a cargo de Francesc MassanaMaya Busqué (a la que, por cierto, he tenido el placer de «desvirtualizar»), ambos miembros de la junta directiva de la APTIC. A pesar de ser una calurosa y soleada mañana de viernes, la charla fue todo un éxito de asistencia; hasta nos costó encontrar sitio. He de decir que, suerte la mía, casi nada de lo que escuché durante tres largas horas me venía de nuevo, lo cual es un gran alivio porque significa que voy por el buen camino. Sin embargo, se veía a un montón de chavales navegando a la deriva que necesitaban de verdad una charla así. Tras ver la orientación que se nos proporciona en este sentido durante la carrera, no puedo culparles (aunque me gustaría ver menos pasividad entre mis queridas generaciones venideras). Igual que no esperamos que nadie venga a explicarnos cómo vivir nuestra vida, no tenemos que asumir que existe una fórmula fija para tener éxito profesional o que, de ser así, alguien va a venir a recitárnosla mientras le miramos con cara de pasa sentados en el sofá de casa. En cualquier caso, para aquellos que no hayan podido asistir y se sientan asolados por millones de dudas sobre su futuro, he preparado esta receta casera inspirada en la charla a modo de resumen.

Tiempo de cocción:

De 1 a 5 años de trabajo duro, perseverancia y resistencia.

Elaboración:

Esta receta es mucho más fácil de preparar de lo que creéis, a pesar de los abrumadores y exóticos ingredientes necesarios para ello. El primer paso es cocinarla con amor por la profesión. Si no, esta no es vuestra receta. Principiantes o no, siempre somos traductores y, como tales, tenemos que cuidar y respetar lo que hacemos. Eso se refleja en varios aspectos que veremos a continuación. Lo primero que debemos hacer es crear una plantilla para nuestro currículum con nuestros datos personales, combinación de idiomas, formación y experiencia. Hay que deshuesarla, es decir, deshacernos de todos aquellos datos irrelevantes que no vayan a ayudarnos a cocinar: que hemos sido canguro (no me refiero a tener una bolsa marsupial), que nos encanta jugar a la petanca o que estudiamos en el I.E.S. Sáquenme de aquí de Villarriba. Si tenéis dudas sobre cómo deshuesar un currículum, podéis consultar uno de los muchos blogs de traducción que ya han hablado de ello. Esta plantilla será de vital importancia en nuestra trayectoria y servirá como base para los platos que cocinemos en el futuro. Es, en palabras de la propia Maya, «el documento con el que más trabajaréis en toda vuestra vida y el que mejor debéis cuidar». Hay que intentar conseguir el mejor resultado posible y dedicarle mucho tiempo, además de seguir mejorándolo con el paso de los años.

Esta plantilla la modificaremos según el tipo de trabajo al que aspiremos (añadiendo o quitando cursos, experiencia ajena al campo, etc.). Eso sí, tenemos que usar el sentido común y la imaginación: a veces una gran afición puede llevarnos hasta un gran trabajo. Tenemos la suerte de haber escogido una profesión en la que todo lo que hacemos en la vida nos puede llegar a servir de ayuda. Eso no significa que las citemos todas, de la primera a la última, sino que las seleccionemos teniendo en cuenta a qué puesto queremos acceder. Por ejemplo, Maya nos contaba que su pasión por la astrofísica la ha ayudado muchísimo tanto en algunos encargos de interpretación como en su trabajo en Redes, el programa de Eduard Punset (el único Dios en el que yo creería si no fuera atea). Como decía, a veces es importante añadir un toque de originalidad a nuestro currículum, algo que lo haga único. En ese sentido, se puede llegar hasta extremos inimaginables, todo depende de nosotros y de en manos de quién creamos que va a caer. Una anécdota relacionada con esta idea nos la contó Maya: en una ocasión se encontró delante del currículum de una traductora de neerlandés que especificaba en un apartado que estaba especializada en textos jurídicos, económicos, y, atención… ¡gatos, perros y caballos! Quizá os parezca muy temerario, pero lo cierto es que sirvió para llamar su atención por encima de otros currículums y la llamó con toda la curiosidad del mundo para saber por qué había puesto algo así. Si elegimos bien, podremos «llamar a diferentes puertas con diferentes documentos». De esta forma nos aseguraremos de presentarnos como profesionales orientados hacia la empresa en la que aspiramos a trabajar. Eso sí, no llaméis cincuenta veces: a nadie le gusta que le fundan el timbre.

Ahora que ya tenemos un currículum personalizado, lo mezclaremos en un bol con una carta de presentación en la que debemos explicar por qué queremos trabajar con determinada empresa y, sobre todo, hacer ver por qué nos necesitan, qué es eso que nos hace diferentes y perfectos para el puesto de trabajo en cuestión. Si batimos con decisión ambos ingredientes podemos llegar muy lejos. Pero, un momento, ¿qué es una buena receta sin una foto que nos muestre el resultado? Existe una cierta discrepancia entre si una fotografía ayuda o no a tu currículum. Tanto Maya como Francesc son partidarios del «sí, por lo general». Eso sí, no puede ser una foto cualquiera: tenemos que salir frescos como una mousse de limón recién sacada del frigorífico, dar un mensaje lo más positivo posible de nosotros. Como Maya recordaba, «nadie es tan guapo como en su foto de perfil ni tan feo como en su DNI». A veces hasta es recomendable buscarnos a un buen fotógrafo que nos haga algo más profesional ¡elegid vosotros mismos!

Lo estás haciendo mal...

Todo esto os podrá parecer excesivo si estáis empezando a estudiar, pero pensad que nunca se sabe cuándo podréis tener una oportunidad de oro. Yo misma tiré una a la basura este verano, cuando me fui a Madrid a ver a mi familia sin el CV en el portátil: ¡facepalm! Mientras estaba allí, Hewlett-Packard colgó una señora oferta de prácticas en su departamento de localización. ¿Qué hice? Enviar una versión corrientucha estéticamente de mi CV, con una foto que no era ni de lejos la adecuada (tampoco llegaba al nivel del señor del pelo verde, no os creáis…) y además sin tener la oportunidad de llevarlo en mano y dejar bien claro cuánto me interesaba el puesto. Llegué lejos, pero al final la perdí. Con esto quiero que entendáis que es importante que os mováis lo antes posible para ir creciendo como profesionales, no sólo como estudiantes, pero tampoco os agobiéis más de lo necesario: ¡la carrera es lo primero!

Usar los cacharros de otro tiene sus ventajas, pero a veces os surgirán oportunidades a las que os tendréis que enfrentar solos. Es por eso que ambos hicieron especial hincapié en el papel de los autónomos, esos que cocinan, limpian y presentan el plato ellos solitos, sin la ayuda de nadie. Sobre esto, precisamente, se nos habla muy poco durante la carrera. Hay que dejar claro que no todo el mundo sirve para ser autónomo, debemos conocernos muy bien a nosotros mismos y valorar si seremos capaces o no de desempeñar esta tarea. Maya comentaba que muchas veces, si no tienes la necesidad, no te lanzas a la aventura de ser autónomo. Sin embargo, es importante saber cómo funciona: puede que hoy estemos a gusto trabajando en plantilla, pero que pasado mañana nos apetezca probar cosas nuevas. Para ello es importante tener listos varios ingredientes.

El primero es 1/2 kg de tarjetas profesionales, como estas tan originales de otros compañeros. En ellas especificaremos nuestra especialización y nuestra combinación de idioma, y datos como nuestro teléfono, correo electrónico o página web. Las tarjetas son importantes cuando asistimos a congresos, cenas, actividades o incluso para repartir entre nuestros conocidos, que, en muchos casos, serán la clave para conseguir trabajo. Mientras preparamos las tarjetas tendremos que hacer la base de la receta. Para ello es necesario crear presencia en internet. Si queremos una base sólida, necesitamos mezclar la compra de un dominio propio (no hay excusa para no hacerlo ¡un .com son ocho euros al año!) para nuestra página web o blog personal con la creación de varios perfiles profesionales (LinkedIn, ProZ, Twitter, Facebook, Traditori). Además, nos recomendaron registrarnos en comunidades como Translator’s Café, Payment PracticesTranslator’s Base. Sólo con esto último una servidora pudo conocer a un montón de gente sin esfuerzo en la I International Conference on Translation and Accessibility in Video Games and Virtual Worlds.

Si vamos a ser autónomos, tenemos que pensar que somos pequeñas empresas. Francesc nos recomendó llevar un control de nuestros clientes y aprender a realizar algunas tareas administrativas básicas (que, por supuesto, también se deben cobrar). Una buena idea si estamos empezando es elaborar una lista de clientes potenciales relacionados con nuestro campo con los que nos gustaría trabajar. No podemos olvidar añadir a esta receta las listas de distribución, donde los profesionales de nuestro campo discuten y exponen diferentes temas. Es importante aprender de ellas: primero debemos observar lo que se dice y cómo interactúan los traductores que participan en ellas, para luego empezar a involucrarnos. Antes de hacerlo debemos tener claras las normas de participación. Si habéis formado parte de algún foro esto funciona exactamente igual. Algunas listas que se mencionaron son: ATD, Traducción en España o, para amantes de lo audiovisual, TRAG. Por extensión, también es importante asociarse, ir a cursos, conferenciasconocer gente, ya que tenemos la gran suerte de formar parte de una profesión donde, en términos generales, el compañerismo está por encima de la competitividad. Si queréis saber más sobre las asociaciones de traductores podéis visitar el tablón de anuncios de ASOCESP, en el que aparecen todas listadas a la derecha.

Sobre las tarifas no voy a extenderme ya que, como todos sabréis, es un tema ampliamente tratado y discutido por la red (aunque algo tabú también). Si queréis más información podéis consultar la encuesta de tarifas de la APTIC o las tarifas de la EIZIE, además de probar CalPro, la calculadora de gastos, ingresos y rendimiento profesional desarrollada por ASETRAD. En cualquier caso, Maya y Francesc recomendaron marcarse un umbral de precio por debajo del cual no merece la pena encender el ordenador y hacer un trabajo cualificado por el sueldo de un trabajo no cualificado. Su consejo fue no trabajar por menos de 0,06-0,07€ por palabra, cosa con la que yo estoy totalmente de acuerdo. Eso sí, como bien me ha recordado Maya por ahí abajo, ese es sólo el mínimo: «a partir de ahí, el cielo es el límite». También tened en cuenta que muchas veces dependerá del idioma: conozco a traductores de japonés que cobran entre 0,15-0,19€ la palabra y que por menos de 0,12€ no trabajan.

Cuando empezamos parece que si no tenemos experiencia remunerada no servimos para nada, pero no debemos dejarnos convencer: lo que debe hablar por nosotros es nuestro potencial, nuestra capacidad y nuestras ganas de trabajar duro. Eso sí, no a cualquier precio. ¿Que por qué? Porque existen infinidad de sitios donde adquirir experiencia en diferentes campos de forma voluntaria, aunque no remunerada. En la ronda de preguntas surgieron algunas dudas respecto a cómo adquirir experiencia en interpretación, ya que hay menos información, y nos recomendaron Babels, una red de voluntariado en la que te pagan viaje y alojamiento a diversos lugares del mundo a cambio de hacer de intérprete en los foros sociales que organizan. Si la causa merece de verdad la pena, a veces es mejor dedicar tiempo a esto mientras buscamos un trabajo digno que tirarnos en brazos del primer «desgarramantas» que nos ofrezca un trato suculento (para él, principalmente). ¿Significa esto que pagar por trabajar, como ofrecen algunas empresas, es otra buena opción? En mi opinión (y la de ellos), no, nunca. Como acabo de explicar, existen otras opciones que no tienen nada que ver con estas tendencias del mercado tan preocupantes. Si queréis saber a qué me refiero, podéis leer esta reseña sobre Lionbridge publicada en el blog de Leon Hunter.

...contra el mundo.

En relación a todo esto surgió un tema que ya os comentaba en mi primera entrada: no debemos confundir el miedo con el respeto. El miedo nos lleva a no hacer cosas, mientras que mirar los nuevos retos con respeto nos sirve para valorar la dificultad de lo que estamos haciendo sin huir de ello. Por eso tenemos que aprender a valorarnos, ser conscientes de nuestras limitacionesconocer nuestros puntos débiles (pero no dejar que se vean) y exponer los fuertes. Existe un punto medio entre ser un prepotente y pasarse de humilde: ahí es donde debemos intentar estar. Aunque todos estos consejos están muy bien y os servirán como guía, si queréis saber cómo convertiros en grandes profesionales de verdad necesitáis apoyaros en vuestra intuición y formaros una opinión sólida sobre todo tipo de cosas. Pensad que las recomendaciones nunca están hechas para ser seguidas al pie de la letra, ya que todos queremos cosas distintas y tenemos puntos de vista diferentes. Esta fórmula se puede adaptar a otros paladares emprendedores que no tengan nada que ver con la traducción.

¿El resultado? Lo tenéis a vuestro alrededor. Es especial por un motivo: con los mismos ingredientes nunca se consigue un resultado igual que el anterior. Te puede salir un quiché Algo más que traducir, una ensalada El Taller del Traductor, una tarta de queso Traducistes, unos ravioli Localización y Testeo con Curri o una lasaña La paradoja de Chomsky, entre otros muchos platos con presencia. Si queréis ser como ellos, el primer paso es pensar que no tenéis nada que envidiarles, pero mucho que admirar. Una cosa está clara: nos hemos pasado toda la vida comiendo, ¡ahora toca cocinar!