De recuerdos, honestidad y pretensiones

¡Una entrada de blog salvaje ha aparecido! ¡LECTOR usó HACER CAFÉ POR SI ES ABURRIDA! ¡Es super efectivo!

– Pokemon Edición Azul WordPress

Más allá de la hilarante elección de términos que realizó el primer ser humano que se enfrentó a la traducción de esta joya de la creación videojueguil y del abuso de las exclamaciones para crear niños fácilmente impresionables, esta bonita estructura contiene un potente no sé qué y qué sé yo que resulta casi inspirador. Como esas entradas de blog que te hacen creer que van de algo interesante, pero que en realidad estás leyendo porque es domingo y en la televisión solo echan películas sobre dramas profundos del medio oeste estadounidense, de esas que todo estudiante del MTAV traducirá en algún momento de su vida.

Siempre hay un punto en el que una se pregunta por qué está haciendo esto y no otra cosa, por qué recuerdos y no versatileblogawardsaplicacionesdeipad o cronicasdeconferencias, por qué eso que he dicho tiene gracia para los demás y para mí no, por qué aquello que me parece una obra de arte a ti te hace salir corriendo a nada que lo mencione, por qué ese idioma que a ti te flipa tanto como tener crédito ilimitado en una máquina de pachinko a mí me da ganas de llorar. Son esas cosas que nos hacen diferentes, que nos llevan a ponernos en el papel de padre, madre o tutor aunque el de enfrente no nos lo haya pedido, que escuchemos atentamente los sabios consejos de otros para luego, a veces, hacer lo que nos parece y cagarla estrepitosamente. O no. Los seres humanos somos muy complicados. A veces aceptamos la ayuda de gente a la que no deberíamos ni escuchar dos minutos, a veces no hacemos caso a quienes buscan lo mejor para nosotros y a veces ambas partes se equivocan y tú también y las cosas salen como quieren. La vida es así, solo se puede jugar en modo experto, con el cambio de marchas manual, sin el ratón invertido o en el equipo del campo de batalla que tiene el doble de hordas que de alianzas, abocado a perder miserablemente todas las bases a no ser que surja algún tipo de esfuerzo heroico que te demuestre eso que yo misma pienso: que ninguna batalla se pierde o se gana sin haberla luchado antes.

Una de las muchas cosas que aprendí o más bien me hicieron recordar a golpe de sonrojos y diapositivas mis compañeros traductores en la charla sobre blogs de APTIC, que tan bien han narrado Aida González y Martine Fernández, es que hay que escribir desde la patata (y aclaro, mentes sucias, que la patata es el corazón). ¡Qué digo escribir! Vivir en general. Desde su casa, una nunca sabe lo cierto de esa afirmación hasta que ve el efecto real que eso tiene en otras personas. Yo lo pude comprobar hace dos fines de semana y os aseguro que merece la pena de verdad. Bastante más que eso que llaman hacerse rico. He ahí la honestidad, que tan poca gente porta como estandarte en un mundo siempre salvaje, de cabezas pisadas, de codazos en medio de la carrera y de lucro sin sentido por transferencia bancaria, pero que al parecer abunda entre los traductores. Visca i bravo!

Si eres honesto, los mimos se te acercarán.

¿ Y qué tiene que ver todo esto con los recuerdos y las pretensiones, con esos consejos a los que uno le hace o demasiado o ningún caso? Os lo podría explicar en 45 páginas de Word y me quedaría corta, así que voy a ejercitar mi casi nula capacidad de síntesis. Todo esto viene a que hoy, señoras y señores, miles de personas se han examinado en todo el mundo del JLPT, también conocido como Nôken, también conocido como Japanese Language Proficiency Test y, os juro que ya paro, también conocido como Nihongo nôryoku shiken. Hace mucho tiempo en una galaxia muy lejana, una inocente madrileña aprobó el nivel más cutre de ese examen. Luego se frustró y se pasó al lado oscuro de la gente que solo quiere trabajar con su lengua B. No parece que dé para dos trilogías, ¿eh? Inocentes… Por si esa historia no os la sabéis, durante cinco años estudié japonés. En otras palabras, durante cinco años gasté muchos kleenex, ibuprofenos y volví loca a mucha gente. Mi propio estado de ánimo hacía sufrir a otras personas. Bonito, ¿eh?  Al estilo Pesadilla en Elm Street, puede ser.

Mi historia con el japonés es ardua, larga, penosa y a nadie le interesa. Cometí muchos errores, no supe gestionar mis problemas ni de cara a mí ni de cara a mis profesores, dejé que me afectaran las manos acusadoras, creí a otros que decían que yo no podía ser mejor ni ahora ni nunca, me dejé llevar por la desidia y convertí ese sueño, como el de ser astrónoma, en un pequeño agujero negro que me iba tragando poco a poco. Lo único que hice bien en todo ese tiempo fue ser honesta conmigo misma. Soy una persona no vaga ni inconstante, sino caprichosa y de difícil asiento. Eso solo cambia bajo una circunstancia: la motivación. Os aseguro que hay millones de cosas que me motivan en este mundo pero, tras un tiempo, supe que el japonés no era una de ellas. Eso no quiere decir que no lo encuentre interesante, útil o incluso apasionante, simplemente no tiene ese toque que me saca de mi inercia como ser humano corriente y moliente. Seguro que muchos de vosotros os podéis sentir identificados con esto y, de lo contrario, disculpadme que os diga que o bien que estáis muertos por dentro, o bien sois admirables o bien mentís.

Aun así, durante un tiempo no quise rendirme y me metí en un jardín de árboles de hoja caduca entre los que casi me ahogo. La suerte y la bondad de una de mis profesoras me sacó de allí y di por finalizado el recorrido, aunque nunca jamás me cerraré en banda a la idea de volver a sentarme delante de un libro y aprender kanjis porque sí. Puede ser hasta divertido. Creo que todo esto es fácil de entender: se trata de algo que me gusta, me parece enriquecedor, pero no me apasiona e, ingenua de mí, tiendo a hacer las cosas que cumplen este último requisito a menos que la necesidad apremie. Entonces, ¿por qué algo que Pablo y Olli explicaron tan bien aplicado a los blogs resulta tan fácil de entender para otras personas pero aplicado a esto parece inconcebible? No lo sé. Para escribir un buen loquesea hay que ser honesto y, si lo eres, posiblemente tengas éxito. O no, pero eso da igual porque tu objetivo es contar cosas, no sacar algo de hacerlo. Si escribes un loquesea con la pretensión de tener éxito, entonces no estarás siendo honesto y no lo tendrás, porque a ese tipo de gente se la huele desde lejos.

Con el trabajo pasa lo mismo, pero cuando los símbolos de dólar se iluminan en los ojos de la gente parece que se nuble su buen juicio. En estos tiempos tan inciertos y desconcertantes parece que vale más la seguridad de un buen cheque a cambio de sentirse un pelín miserable que la incertidumbre del mañana con una sonrisa en la cara. Yo le digo que no a toda esa gente que me ha dicho antes o después, con mejores o peores intenciones, con más o menos razón, que «es una pena que dejes el japonés», «después de tanto tiempo», «con el esfuerzo que te ha costado», «si ganarías el doble», «sabiendo que hay más oportunidades». Algunos pensarán que es comodidad, otros que es ineptitud y otros que falta de ambición. No es una cuestión de esfuerzo, incapacidad para el sacrificio o tenacidad. No es una cuestión de vaguería o de dejadez, ni de miedo. Yo solo sé que el día que cerré por última vez mi libro de japonés adelgacé 5 kilos, rejuvenecí 10 años y empecé a levantarme cada día con ganas de hacer algo útil y emocionante con mi vida. Díganme si eso vale más que un «con lo cerca que has estado de forrarte».

Conozco a gente que hoy, un domingo cualquiera, ha madrugado para ir al JLPT. Gente a la que le sobra ese corazón y esa honestidad que a mí me falta para traducir, entender, escribir y hablar japonés o construir un satélite que viaje al espacio cada día de su vida. Y creo que el mundo es más bonito si esa gente ocupa un sitio que yo solo desperdiciaría sufriendo a cambio de un puñado de euros. Las cosas buenas se hacen, siempre, desde la patata. O, como dice Miguel Olivares, siendo jodidamente uno mismo.

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¡Traductor tenías que ser!

Esto es lo que pensarán muchos viendo la que hemos liando hoy, 30 de septiembre, para celebrar a nuestra muy personal manera el Día Internacional de la Traducción. Como casi todos sabréis, muchas asociaciones como ASETRAD y APTIC celebran cada año este día organizando diferentes actividades relacionadas con el mundo de la traducción, todas altamente recomendables. Yo lo he hecho llegando tarde a mi primera clase de multimedia del MTAV. También tengo que darle las gracias a Manuel de los Reyes por elegir justo este día para publicar en su columna, La mano izquierda de la traducción, una entrevista sobre traducción literaria que América Garoña, Cristina Aroutiounova, Laura Carasusán, Rebeca Vicedo, Vicent Torres y una servidora tuvimos el placer de contestar.

No puedo comenzar a decir las tontás que me caracterizan sin ponerme un poco seria y moñas para felicitaros a todos por resistir en esta profesión tan, a veces, ingrata. Los que acabamos de empezar no acertamos a agradeceros lo suficiente el simple hecho de que sigáis ahí, que nos hagáis caso por Twitter incluso cuando lo que tenemos que decir diste de ser interesante y que nos intentéis contagiar de ese entusiasmo que tan rápido se pierde viendo cómo funciona el mundo. Que nos hagáis sentirnos menos raros por amar de verdad nuestra profesión, aunque haya quien no lo entienda. He tenido la suerte de conocer a un montón de gente interesante este último año gracias a la ayuda de la fuerza suprema que mueve el universo: internet. Entre esas personas se encuentra Maya Busqué, estupenda presidenta de l’APTIC y mejor persona, a la que iban a entrevistar esta mañana en Com Ràdio. A mí me gustan mucho los gaticos, los monetes y conocer más sobre la cría de la rana malva, pero a todos nos ha decepcionado ver que esos apasionantes temas (y otros más surrealistas que se os puedan ocurrir) son más importantes que dedicarnos, como colectivo que está de celebración un mísero día al año, cinco minutitos en antena. Por eso, como somos unos desgraciaos, hemos querido expresar (por vez doscientos) nuestro descontento hacia este tipo de feos y vacíos que hacen que los traductores seamos entes invisibles que a nadie le interesan. La parte buena es que, como bien dice el presentador en sus disculpas, somos una piña (de locos exaltados) y podemos permitirnos ir a trollear con mucho estilo muros ajenos. Like a boss.

Espera... ¿está enseñando a coser a un león?

Como hace rato que he perdido el tono solemne, quiero celebrar este día de euforia traductoril analizando a nuestro patrón, San Jerónimo. Antes de nada, tengo que decir que mi ateísmo no es ningún secreto. Durante cierta etapa de mi infancia me dio por presentarme ante la gente tal que así: “Hola, me llamo Nieves, tengo 9 años y no creo en Dios”. Esto producía, en primer lugar, mucho estupor en mis interlocutores, que generalmente eran padres de amigos. En segundo lugar, la gente se daba la vuelta y corría muy lejos con su hijo del brazo (dramatización). Sin embargo, como traductora que soy, no me quiero cerrar y acabar teniendo una visión ignorante en la que mi ateísmo equivalga a un interés cero por la religión que, me pese o no, es parte de la historia y la cultura de este mundo raruno. Por eso, haciendo un gran esfuerzo de búsqueda en Google (mentira), me he querido informar un poco más sobre este buen hombre del que, tonta de mí, no sabía nada de nada. Leo un poco sobre su traducción de la Biblia al latín (a la que se conoce como Vulgata) y me dispongo a ver cómo lucía nuestro señor patrón. Una de las primeras cosas que encuentro es la foto que veis arriba. ¿Un traductor que enseña a los leones a hacer calceta? Al parecer no era esta su actividad principal, por lo que veo en otras fotos. Rápidamente me he centrado en la que, creo, es la imagen que mejor le describe. Es decir, esta:

Se le ve muy animado.

San Jerónimo es un patrón requetebien escogido. Como podéis observar en este cuadro tan poco exagerado y barroco, era un tipo desnutrido por culpa de las bajas tarifas de traducción y no le quedaba mucho a final de mes para ropa. Mira que por aquella época no había mucha competencia, pero la cosa ya auguraba lo peor. El cuadro refleja también en sus ojicos una gran falta de sueño, tan típica en todo traductor trabajador que se precie. Suponemos que se despierta por las noches creyendo que ha encontrado la traducción correcta para ese término tan puñetero, pero no, solo le sale “lorem ipsum dolor sit amet”. Eso le pasa por haberse hecho un blog anteayer. Se nos distrae. El hombre solo quiere comer, dormir y traducir la maldita Biblia tranquilo, pero es que esta vida es muy dura y se ve que Dios aprieta y también ahoga hasta que no le has enviado el encargo terminado… y baratito, por favor. Otra de sus grandes virtudes es que, dentro de su recogimiento como autónomo, sabe rodearse de la gente adecuada: mirad sino esa bella calavera de unos hermanos siameses (eso, o lo que sea) que le acompaña. En otras representaciones de este buen hombre se ven más calaveras. Vamos, que tenía muchos colegas de profesión, solo que en el otro mundo. No quería competencia, supongo.

Mientras, con un libro delante y la tinta ya seca piensa “¿Por qué no me metí a panadero? Al menos la gente me diría cosas bonitas sobre mis baguettes”. Ahí está, como bien indica nuestra buena amiga Eugenia Arrés, “a Dios rogando y con la mazo-cruz dando”. Como me decía mi padre por teléfono justo ayer, es como se sobrevive en esta y otras profesiones: hay que quejarse de todo aquello que es injusto, pero también hay que dar el callo. Como podéis observar en la esquina superior izquierda, también acabó usando trompetilla de tanto ponerse el volumen alto cuando le hacían un encargo de subtitulación: los desgraciados no enviaban el guión. Ser traductor le cuesta algunos disgustos a tu salud, y eso te afecta al ánimo. No sabemos si fue antes o después de este cuadro que expresa el amor-odio de nuestro patrón por su trabajo y no queremos alimentar la leyenda más de lo necesario pero, por el bien de esta historia sense cap ni peus vamos a asumir que, en un acto de cabreo por el poco caso que nos hacen a los traductores, le puso unos llamativos cuernos a Moisés. ¿Qué? Se lo merecía, era de esos que van por ahí fardando de separar las aguas, con un montón de fans detrás. Y es que, amigos, si hay una lección imborrable que podáis aprender de esta entrada es que los traductores reptamos en las sombras esperando a vengarnos de todos vosotros y vuestra indiferencia. Ehm… quiero decir…. ¡feliz día del traductor! Apadrina a uno.

APTIC y sus consejos prácticos para el mundo laboral

El pasado día 8 de abril tuvo lugar en la Facultad de Traducción e Interpretación de la UAB una charla muy interesante sobre cómo introducirse en el mundo laboral, a cargo de Francesc MassanaMaya Busqué (a la que, por cierto, he tenido el placer de «desvirtualizar»), ambos miembros de la junta directiva de la APTIC. A pesar de ser una calurosa y soleada mañana de viernes, la charla fue todo un éxito de asistencia; hasta nos costó encontrar sitio. He de decir que, suerte la mía, casi nada de lo que escuché durante tres largas horas me venía de nuevo, lo cual es un gran alivio porque significa que voy por el buen camino. Sin embargo, se veía a un montón de chavales navegando a la deriva que necesitaban de verdad una charla así. Tras ver la orientación que se nos proporciona en este sentido durante la carrera, no puedo culparles (aunque me gustaría ver menos pasividad entre mis queridas generaciones venideras). Igual que no esperamos que nadie venga a explicarnos cómo vivir nuestra vida, no tenemos que asumir que existe una fórmula fija para tener éxito profesional o que, de ser así, alguien va a venir a recitárnosla mientras le miramos con cara de pasa sentados en el sofá de casa. En cualquier caso, para aquellos que no hayan podido asistir y se sientan asolados por millones de dudas sobre su futuro, he preparado esta receta casera inspirada en la charla a modo de resumen.

Tiempo de cocción:

De 1 a 5 años de trabajo duro, perseverancia y resistencia.

Elaboración:

Esta receta es mucho más fácil de preparar de lo que creéis, a pesar de los abrumadores y exóticos ingredientes necesarios para ello. El primer paso es cocinarla con amor por la profesión. Si no, esta no es vuestra receta. Principiantes o no, siempre somos traductores y, como tales, tenemos que cuidar y respetar lo que hacemos. Eso se refleja en varios aspectos que veremos a continuación. Lo primero que debemos hacer es crear una plantilla para nuestro currículum con nuestros datos personales, combinación de idiomas, formación y experiencia. Hay que deshuesarla, es decir, deshacernos de todos aquellos datos irrelevantes que no vayan a ayudarnos a cocinar: que hemos sido canguro (no me refiero a tener una bolsa marsupial), que nos encanta jugar a la petanca o que estudiamos en el I.E.S. Sáquenme de aquí de Villarriba. Si tenéis dudas sobre cómo deshuesar un currículum, podéis consultar uno de los muchos blogs de traducción que ya han hablado de ello. Esta plantilla será de vital importancia en nuestra trayectoria y servirá como base para los platos que cocinemos en el futuro. Es, en palabras de la propia Maya, «el documento con el que más trabajaréis en toda vuestra vida y el que mejor debéis cuidar». Hay que intentar conseguir el mejor resultado posible y dedicarle mucho tiempo, además de seguir mejorándolo con el paso de los años.

Esta plantilla la modificaremos según el tipo de trabajo al que aspiremos (añadiendo o quitando cursos, experiencia ajena al campo, etc.). Eso sí, tenemos que usar el sentido común y la imaginación: a veces una gran afición puede llevarnos hasta un gran trabajo. Tenemos la suerte de haber escogido una profesión en la que todo lo que hacemos en la vida nos puede llegar a servir de ayuda. Eso no significa que las citemos todas, de la primera a la última, sino que las seleccionemos teniendo en cuenta a qué puesto queremos acceder. Por ejemplo, Maya nos contaba que su pasión por la astrofísica la ha ayudado muchísimo tanto en algunos encargos de interpretación como en su trabajo en Redes, el programa de Eduard Punset (el único Dios en el que yo creería si no fuera atea). Como decía, a veces es importante añadir un toque de originalidad a nuestro currículum, algo que lo haga único. En ese sentido, se puede llegar hasta extremos inimaginables, todo depende de nosotros y de en manos de quién creamos que va a caer. Una anécdota relacionada con esta idea nos la contó Maya: en una ocasión se encontró delante del currículum de una traductora de neerlandés que especificaba en un apartado que estaba especializada en textos jurídicos, económicos, y, atención… ¡gatos, perros y caballos! Quizá os parezca muy temerario, pero lo cierto es que sirvió para llamar su atención por encima de otros currículums y la llamó con toda la curiosidad del mundo para saber por qué había puesto algo así. Si elegimos bien, podremos «llamar a diferentes puertas con diferentes documentos». De esta forma nos aseguraremos de presentarnos como profesionales orientados hacia la empresa en la que aspiramos a trabajar. Eso sí, no llaméis cincuenta veces: a nadie le gusta que le fundan el timbre.

Ahora que ya tenemos un currículum personalizado, lo mezclaremos en un bol con una carta de presentación en la que debemos explicar por qué queremos trabajar con determinada empresa y, sobre todo, hacer ver por qué nos necesitan, qué es eso que nos hace diferentes y perfectos para el puesto de trabajo en cuestión. Si batimos con decisión ambos ingredientes podemos llegar muy lejos. Pero, un momento, ¿qué es una buena receta sin una foto que nos muestre el resultado? Existe una cierta discrepancia entre si una fotografía ayuda o no a tu currículum. Tanto Maya como Francesc son partidarios del «sí, por lo general». Eso sí, no puede ser una foto cualquiera: tenemos que salir frescos como una mousse de limón recién sacada del frigorífico, dar un mensaje lo más positivo posible de nosotros. Como Maya recordaba, «nadie es tan guapo como en su foto de perfil ni tan feo como en su DNI». A veces hasta es recomendable buscarnos a un buen fotógrafo que nos haga algo más profesional ¡elegid vosotros mismos!

Lo estás haciendo mal...

Todo esto os podrá parecer excesivo si estáis empezando a estudiar, pero pensad que nunca se sabe cuándo podréis tener una oportunidad de oro. Yo misma tiré una a la basura este verano, cuando me fui a Madrid a ver a mi familia sin el CV en el portátil: ¡facepalm! Mientras estaba allí, Hewlett-Packard colgó una señora oferta de prácticas en su departamento de localización. ¿Qué hice? Enviar una versión corrientucha estéticamente de mi CV, con una foto que no era ni de lejos la adecuada (tampoco llegaba al nivel del señor del pelo verde, no os creáis…) y además sin tener la oportunidad de llevarlo en mano y dejar bien claro cuánto me interesaba el puesto. Llegué lejos, pero al final la perdí. Con esto quiero que entendáis que es importante que os mováis lo antes posible para ir creciendo como profesionales, no sólo como estudiantes, pero tampoco os agobiéis más de lo necesario: ¡la carrera es lo primero!

Usar los cacharros de otro tiene sus ventajas, pero a veces os surgirán oportunidades a las que os tendréis que enfrentar solos. Es por eso que ambos hicieron especial hincapié en el papel de los autónomos, esos que cocinan, limpian y presentan el plato ellos solitos, sin la ayuda de nadie. Sobre esto, precisamente, se nos habla muy poco durante la carrera. Hay que dejar claro que no todo el mundo sirve para ser autónomo, debemos conocernos muy bien a nosotros mismos y valorar si seremos capaces o no de desempeñar esta tarea. Maya comentaba que muchas veces, si no tienes la necesidad, no te lanzas a la aventura de ser autónomo. Sin embargo, es importante saber cómo funciona: puede que hoy estemos a gusto trabajando en plantilla, pero que pasado mañana nos apetezca probar cosas nuevas. Para ello es importante tener listos varios ingredientes.

El primero es 1/2 kg de tarjetas profesionales, como estas tan originales de otros compañeros. En ellas especificaremos nuestra especialización y nuestra combinación de idioma, y datos como nuestro teléfono, correo electrónico o página web. Las tarjetas son importantes cuando asistimos a congresos, cenas, actividades o incluso para repartir entre nuestros conocidos, que, en muchos casos, serán la clave para conseguir trabajo. Mientras preparamos las tarjetas tendremos que hacer la base de la receta. Para ello es necesario crear presencia en internet. Si queremos una base sólida, necesitamos mezclar la compra de un dominio propio (no hay excusa para no hacerlo ¡un .com son ocho euros al año!) para nuestra página web o blog personal con la creación de varios perfiles profesionales (LinkedIn, ProZ, Twitter, Facebook, Traditori). Además, nos recomendaron registrarnos en comunidades como Translator’s Café, Payment PracticesTranslator’s Base. Sólo con esto último una servidora pudo conocer a un montón de gente sin esfuerzo en la I International Conference on Translation and Accessibility in Video Games and Virtual Worlds.

Si vamos a ser autónomos, tenemos que pensar que somos pequeñas empresas. Francesc nos recomendó llevar un control de nuestros clientes y aprender a realizar algunas tareas administrativas básicas (que, por supuesto, también se deben cobrar). Una buena idea si estamos empezando es elaborar una lista de clientes potenciales relacionados con nuestro campo con los que nos gustaría trabajar. No podemos olvidar añadir a esta receta las listas de distribución, donde los profesionales de nuestro campo discuten y exponen diferentes temas. Es importante aprender de ellas: primero debemos observar lo que se dice y cómo interactúan los traductores que participan en ellas, para luego empezar a involucrarnos. Antes de hacerlo debemos tener claras las normas de participación. Si habéis formado parte de algún foro esto funciona exactamente igual. Algunas listas que se mencionaron son: ATD, Traducción en España o, para amantes de lo audiovisual, TRAG. Por extensión, también es importante asociarse, ir a cursos, conferenciasconocer gente, ya que tenemos la gran suerte de formar parte de una profesión donde, en términos generales, el compañerismo está por encima de la competitividad. Si queréis saber más sobre las asociaciones de traductores podéis visitar el tablón de anuncios de ASOCESP, en el que aparecen todas listadas a la derecha.

Sobre las tarifas no voy a extenderme ya que, como todos sabréis, es un tema ampliamente tratado y discutido por la red (aunque algo tabú también). Si queréis más información podéis consultar la encuesta de tarifas de la APTIC o las tarifas de la EIZIE, además de probar CalPro, la calculadora de gastos, ingresos y rendimiento profesional desarrollada por ASETRAD. En cualquier caso, Maya y Francesc recomendaron marcarse un umbral de precio por debajo del cual no merece la pena encender el ordenador y hacer un trabajo cualificado por el sueldo de un trabajo no cualificado. Su consejo fue no trabajar por menos de 0,06-0,07€ por palabra, cosa con la que yo estoy totalmente de acuerdo. Eso sí, como bien me ha recordado Maya por ahí abajo, ese es sólo el mínimo: «a partir de ahí, el cielo es el límite». También tened en cuenta que muchas veces dependerá del idioma: conozco a traductores de japonés que cobran entre 0,15-0,19€ la palabra y que por menos de 0,12€ no trabajan.

Cuando empezamos parece que si no tenemos experiencia remunerada no servimos para nada, pero no debemos dejarnos convencer: lo que debe hablar por nosotros es nuestro potencial, nuestra capacidad y nuestras ganas de trabajar duro. Eso sí, no a cualquier precio. ¿Que por qué? Porque existen infinidad de sitios donde adquirir experiencia en diferentes campos de forma voluntaria, aunque no remunerada. En la ronda de preguntas surgieron algunas dudas respecto a cómo adquirir experiencia en interpretación, ya que hay menos información, y nos recomendaron Babels, una red de voluntariado en la que te pagan viaje y alojamiento a diversos lugares del mundo a cambio de hacer de intérprete en los foros sociales que organizan. Si la causa merece de verdad la pena, a veces es mejor dedicar tiempo a esto mientras buscamos un trabajo digno que tirarnos en brazos del primer «desgarramantas» que nos ofrezca un trato suculento (para él, principalmente). ¿Significa esto que pagar por trabajar, como ofrecen algunas empresas, es otra buena opción? En mi opinión (y la de ellos), no, nunca. Como acabo de explicar, existen otras opciones que no tienen nada que ver con estas tendencias del mercado tan preocupantes. Si queréis saber a qué me refiero, podéis leer esta reseña sobre Lionbridge publicada en el blog de Leon Hunter.

...contra el mundo.

En relación a todo esto surgió un tema que ya os comentaba en mi primera entrada: no debemos confundir el miedo con el respeto. El miedo nos lleva a no hacer cosas, mientras que mirar los nuevos retos con respeto nos sirve para valorar la dificultad de lo que estamos haciendo sin huir de ello. Por eso tenemos que aprender a valorarnos, ser conscientes de nuestras limitacionesconocer nuestros puntos débiles (pero no dejar que se vean) y exponer los fuertes. Existe un punto medio entre ser un prepotente y pasarse de humilde: ahí es donde debemos intentar estar. Aunque todos estos consejos están muy bien y os servirán como guía, si queréis saber cómo convertiros en grandes profesionales de verdad necesitáis apoyaros en vuestra intuición y formaros una opinión sólida sobre todo tipo de cosas. Pensad que las recomendaciones nunca están hechas para ser seguidas al pie de la letra, ya que todos queremos cosas distintas y tenemos puntos de vista diferentes. Esta fórmula se puede adaptar a otros paladares emprendedores que no tengan nada que ver con la traducción.

¿El resultado? Lo tenéis a vuestro alrededor. Es especial por un motivo: con los mismos ingredientes nunca se consigue un resultado igual que el anterior. Te puede salir un quiché Algo más que traducir, una ensalada El Taller del Traductor, una tarta de queso Traducistes, unos ravioli Localización y Testeo con Curri o una lasaña La paradoja de Chomsky, entre otros muchos platos con presencia. Si queréis ser como ellos, el primer paso es pensar que no tenéis nada que envidiarles, pero mucho que admirar. Una cosa está clara: nos hemos pasado toda la vida comiendo, ¡ahora toca cocinar!