De recuerdos, honestidad y pretensiones

¡Una entrada de blog salvaje ha aparecido! ¡LECTOR usó HACER CAFÉ POR SI ES ABURRIDA! ¡Es super efectivo!

– Pokemon Edición Azul WordPress

Más allá de la hilarante elección de términos que realizó el primer ser humano que se enfrentó a la traducción de esta joya de la creación videojueguil y del abuso de las exclamaciones para crear niños fácilmente impresionables, esta bonita estructura contiene un potente no sé qué y qué sé yo que resulta casi inspirador. Como esas entradas de blog que te hacen creer que van de algo interesante, pero que en realidad estás leyendo porque es domingo y en la televisión solo echan películas sobre dramas profundos del medio oeste estadounidense, de esas que todo estudiante del MTAV traducirá en algún momento de su vida.

Siempre hay un punto en el que una se pregunta por qué está haciendo esto y no otra cosa, por qué recuerdos y no versatileblogawardsaplicacionesdeipad o cronicasdeconferencias, por qué eso que he dicho tiene gracia para los demás y para mí no, por qué aquello que me parece una obra de arte a ti te hace salir corriendo a nada que lo mencione, por qué ese idioma que a ti te flipa tanto como tener crédito ilimitado en una máquina de pachinko a mí me da ganas de llorar. Son esas cosas que nos hacen diferentes, que nos llevan a ponernos en el papel de padre, madre o tutor aunque el de enfrente no nos lo haya pedido, que escuchemos atentamente los sabios consejos de otros para luego, a veces, hacer lo que nos parece y cagarla estrepitosamente. O no. Los seres humanos somos muy complicados. A veces aceptamos la ayuda de gente a la que no deberíamos ni escuchar dos minutos, a veces no hacemos caso a quienes buscan lo mejor para nosotros y a veces ambas partes se equivocan y tú también y las cosas salen como quieren. La vida es así, solo se puede jugar en modo experto, con el cambio de marchas manual, sin el ratón invertido o en el equipo del campo de batalla que tiene el doble de hordas que de alianzas, abocado a perder miserablemente todas las bases a no ser que surja algún tipo de esfuerzo heroico que te demuestre eso que yo misma pienso: que ninguna batalla se pierde o se gana sin haberla luchado antes.

Una de las muchas cosas que aprendí o más bien me hicieron recordar a golpe de sonrojos y diapositivas mis compañeros traductores en la charla sobre blogs de APTIC, que tan bien han narrado Aida González y Martine Fernández, es que hay que escribir desde la patata (y aclaro, mentes sucias, que la patata es el corazón). ¡Qué digo escribir! Vivir en general. Desde su casa, una nunca sabe lo cierto de esa afirmación hasta que ve el efecto real que eso tiene en otras personas. Yo lo pude comprobar hace dos fines de semana y os aseguro que merece la pena de verdad. Bastante más que eso que llaman hacerse rico. He ahí la honestidad, que tan poca gente porta como estandarte en un mundo siempre salvaje, de cabezas pisadas, de codazos en medio de la carrera y de lucro sin sentido por transferencia bancaria, pero que al parecer abunda entre los traductores. Visca i bravo!

Si eres honesto, los mimos se te acercarán.

¿ Y qué tiene que ver todo esto con los recuerdos y las pretensiones, con esos consejos a los que uno le hace o demasiado o ningún caso? Os lo podría explicar en 45 páginas de Word y me quedaría corta, así que voy a ejercitar mi casi nula capacidad de síntesis. Todo esto viene a que hoy, señoras y señores, miles de personas se han examinado en todo el mundo del JLPT, también conocido como Nôken, también conocido como Japanese Language Proficiency Test y, os juro que ya paro, también conocido como Nihongo nôryoku shiken. Hace mucho tiempo en una galaxia muy lejana, una inocente madrileña aprobó el nivel más cutre de ese examen. Luego se frustró y se pasó al lado oscuro de la gente que solo quiere trabajar con su lengua B. No parece que dé para dos trilogías, ¿eh? Inocentes… Por si esa historia no os la sabéis, durante cinco años estudié japonés. En otras palabras, durante cinco años gasté muchos kleenex, ibuprofenos y volví loca a mucha gente. Mi propio estado de ánimo hacía sufrir a otras personas. Bonito, ¿eh?  Al estilo Pesadilla en Elm Street, puede ser.

Mi historia con el japonés es ardua, larga, penosa y a nadie le interesa. Cometí muchos errores, no supe gestionar mis problemas ni de cara a mí ni de cara a mis profesores, dejé que me afectaran las manos acusadoras, creí a otros que decían que yo no podía ser mejor ni ahora ni nunca, me dejé llevar por la desidia y convertí ese sueño, como el de ser astrónoma, en un pequeño agujero negro que me iba tragando poco a poco. Lo único que hice bien en todo ese tiempo fue ser honesta conmigo misma. Soy una persona no vaga ni inconstante, sino caprichosa y de difícil asiento. Eso solo cambia bajo una circunstancia: la motivación. Os aseguro que hay millones de cosas que me motivan en este mundo pero, tras un tiempo, supe que el japonés no era una de ellas. Eso no quiere decir que no lo encuentre interesante, útil o incluso apasionante, simplemente no tiene ese toque que me saca de mi inercia como ser humano corriente y moliente. Seguro que muchos de vosotros os podéis sentir identificados con esto y, de lo contrario, disculpadme que os diga que o bien que estáis muertos por dentro, o bien sois admirables o bien mentís.

Aun así, durante un tiempo no quise rendirme y me metí en un jardín de árboles de hoja caduca entre los que casi me ahogo. La suerte y la bondad de una de mis profesoras me sacó de allí y di por finalizado el recorrido, aunque nunca jamás me cerraré en banda a la idea de volver a sentarme delante de un libro y aprender kanjis porque sí. Puede ser hasta divertido. Creo que todo esto es fácil de entender: se trata de algo que me gusta, me parece enriquecedor, pero no me apasiona e, ingenua de mí, tiendo a hacer las cosas que cumplen este último requisito a menos que la necesidad apremie. Entonces, ¿por qué algo que Pablo y Olli explicaron tan bien aplicado a los blogs resulta tan fácil de entender para otras personas pero aplicado a esto parece inconcebible? No lo sé. Para escribir un buen loquesea hay que ser honesto y, si lo eres, posiblemente tengas éxito. O no, pero eso da igual porque tu objetivo es contar cosas, no sacar algo de hacerlo. Si escribes un loquesea con la pretensión de tener éxito, entonces no estarás siendo honesto y no lo tendrás, porque a ese tipo de gente se la huele desde lejos.

Con el trabajo pasa lo mismo, pero cuando los símbolos de dólar se iluminan en los ojos de la gente parece que se nuble su buen juicio. En estos tiempos tan inciertos y desconcertantes parece que vale más la seguridad de un buen cheque a cambio de sentirse un pelín miserable que la incertidumbre del mañana con una sonrisa en la cara. Yo le digo que no a toda esa gente que me ha dicho antes o después, con mejores o peores intenciones, con más o menos razón, que «es una pena que dejes el japonés», «después de tanto tiempo», «con el esfuerzo que te ha costado», «si ganarías el doble», «sabiendo que hay más oportunidades». Algunos pensarán que es comodidad, otros que es ineptitud y otros que falta de ambición. No es una cuestión de esfuerzo, incapacidad para el sacrificio o tenacidad. No es una cuestión de vaguería o de dejadez, ni de miedo. Yo solo sé que el día que cerré por última vez mi libro de japonés adelgacé 5 kilos, rejuvenecí 10 años y empecé a levantarme cada día con ganas de hacer algo útil y emocionante con mi vida. Díganme si eso vale más que un «con lo cerca que has estado de forrarte».

Conozco a gente que hoy, un domingo cualquiera, ha madrugado para ir al JLPT. Gente a la que le sobra ese corazón y esa honestidad que a mí me falta para traducir, entender, escribir y hablar japonés o construir un satélite que viaje al espacio cada día de su vida. Y creo que el mundo es más bonito si esa gente ocupa un sitio que yo solo desperdiciaría sufriendo a cambio de un puñado de euros. Las cosas buenas se hacen, siempre, desde la patata. O, como dice Miguel Olivares, siendo jodidamente uno mismo.

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28 pensamientos en “De recuerdos, honestidad y pretensiones

  1. Me encanta. Sinceramente, ¿para qué quieres el japonés si puedes forrarte escribiendo novelas? Porque, a ver si la única que va a poder forrarse escribiendo libros para niños tontainas va a ser J.K.Rowling.

    Seguramente yo sería una de esas que, sin saber nada de tu noviazgo con el japonés, te habría dicho: “sigue estudiándolo, que es muy bonito”. Pero en cuanto me cuentas que no sientes lo que sentías por él, al igual que cualquier relación, te diría que es mejor que lo dejases, porque una relación sin amor está destinada al fracaso. Hay mucha gente que puede sobrevivir en un trabajo de mierda motivado por la pasta que le da. Hay otra que la pasta se la suda, siempre y cuando haga lo que le guste. Y, al fin y al cabo, esos son los que triunfan, porque los otros acabarán poniéndole los cuernos a su trabajo. En el trabajo, como en el amor, las relaciones funcionan así. Y no hay otra opción.

    Así que, desde mi patata, te felicito por haber tomado la decisión de ser feliz con tus principios, tu humildad y, ante todo, siendo fiel a ti misma y a tu felicidad, y no a lo material.

    • ¡Ya quisiera yo! Es que me tienes tú en muy alta estima :)

      Es lo más normal del mundo, por eso digo que hay gente que me lo ha dicho con toda la buena intención y el desconocimiento del mundo, es difícil tomártelo a mal con esa gente. Luego están los que solo buscan sacar provecho de todo, y como a esos los huelo a kilómetros, sí que me ofendo (lo mínimo, que tampoco merece la pena hacerse mala sangre). “Una relación sin amor está destinada al fracaso” = resumen perfecto de lo que pienso.

      Gracias, bonica, en eso nos parecemos, creo yo ;D

  2. Te entiendo perfectamente, porque me ha pasado (y me pasa) algo parecido con el saxofón.Me cuesta ponerme a estudiar y, cuando lo hago, es casi siempre con desgana, con falta de ilusión y con derrotismo a lo total-pa-qué. Si me paso un tiempo sin tocar, me siento culpable y me obligo a volver… y, curiosamente, cuando no tengo tiempo de estudiar es cuando más ganas tengo de hacerlo. Aquí, a diferencia de lo que te pasa a ti, el problema es que soy una inconstante. Pero ese no es el problema en el caso del alemán, supuestamente mi lengua C: mi nivel es 0, sé que debería ponerme, que – los mismos argumentos – “hay más probabilidades de tener trabajo con otra lengua”, “es el futuro”, pero… no tiene sentido castigarnos con algo que realmente no nos gusta. No nos lo merecemos.

    Con la crisis, todo el mundo se ha vuelto hipersensible con el dinero y con el trabajo. El que tiene un trabajo, aunque trabaje 14h como un cabrón por 700€, está visto como casi un privilegiado y no tiene derecho a quejarse (“¡por lo menos tienes trabajo!”); el que deja un trabajo más o menos estable para montar su propia empresa está muy mal considerado – lo menos que se dice de él es que está loco. Con el miedo económico metido en el cuerpo, se intentan correr los menos riesgos posibles – “la incertidumbre del mañana” – y la pasta se vuelve la medida de todas las cosas: un fin más que un medio o un complemento de la vida que queremos vivir. Aunque tampoco es que esto sea algo nuevo: ¿cuánta gente conocemos que empezó a estudiar X porque tenía muchas salidas? Si eso es un motivo para dedicarle a algo buena parte de tu vida y de tus esfuerzos, apaga y vámonos. Mis amigos que estudian en el Conservatorio tienen que pelear diariamente con gente que va por el mundo con este tipo de visión simplona (hasta el punto de decir “y para qué estudias eso? de qué vas a comer?”.. o “ah, estudias en el Conservatorio. ¿Y qué más?”)

    Al final, resulta que lo único que vamos a poder conservar siempre – aunque haya crisis, no tengamos trabajo ni dinero y nos embarguen la casa – son nuestros principios. Entre ellos, la honestidad y el ser fiel a uno mismo. Y la capacidad y el derecho (por no decir obligación) de hacer de ser feliz una prioridad.

    • Ni yo misma podría haber descrito mejor la sensación, el tema de la culpabilidad juega un papel importante, por eso decía que creé un pequeño agujero negro en torno a eso: llegué a convencerme a mí misma de que no servía para los idiomas y, bueno, de todo. De diferencia nada, ¡ya quisiera! Yo también soy inconstante, supongo que nos gustan tantas cosas que centrarse solo en una para los restos no va con nosotras, ¿no? Es curioso cómo nos afectan psicológicamente este tipo de “retos no deseados”, quizás el cómo te lo tomes y en qué momento de tu vida te enfrentes a ellos también forma parte de hasta qué punto se carga otros aspectos positivos de tu vida, pero aun así da que pensar.

      Es que de verdad, no puedo más que aplaudir tu comentario, tienes roda la razón.

      • Lo bueno es que podemos apoyarnos los unos en los otros para darnos ánimos e intentar ser más constantes :D

        Lo que dije sobre el alemán se ha convertido en una finísima ironía a la vista de mi nueva situación xD

  3. Aplaudo y, de paso, me levanto de mi asiento. :D
    Me identifico con tantas y tantas frases de tu texto que caería en un continuo y pesado ejercicio de “cita-respuesta”. Y no, no lo voy a hacer para no monopolizar la sección de comentarios.
    Sólo te diré que el fondo de tus palabras tiene mucho que ver con muchas cosas que me han sucedido (o he provocado) estos últimos meses. A modo de resumen te diré lo que he sentido mientras te leía: traicionarse es el mayor atentando que se puede cometer contra uno mismo.

    • Levantarse es bueno para la circulación :D
      Gracias, Rai, me imaginaba que todos os veríais más o menos reflejado porque es lo más humano del mundo. Esa última frase va a mis favoritos :)

  4. Ay, el japonés, ay, AY! Ay.
    Yo estuve cinco años también en total, repartidos en doce años, pero a mí me dejaron claro desde el principio que no iba a aprenderlo bien jamás, con lo cual tampoco me flipé con sueños de forrarme con ello. Y el último año FUE EL ÚLTIMO, porque no lo he pasado tan mal ni con las matemáticas, ni con el test de cooper ni con el ruso, todo junto.
    Eso sí, cuando luego vas a Japón y te entienden/les entiendes, es lo máximo que hay.

    • Vir, un placer y una sorpresa verte por aquí. Podemos montar un grupo de “señoras que casi mueren estudiando japonés”. Es curioso que justo esas cosas que has citado (menos el ruso) también han sido las que más me han hecho sufrir en la vida x’D Esa última parte me falta, pero espero poder ir algún día más bien cercano y poder darte la razón.

  5. Me han encantado. Como tantos otros, me he sentido muy identificada, tanto que voy a publicar una entrada en facebook con un párrafo y el link a continuación, con tu permiso.
    De veras, gracias por esta entrada.

  6. Solo puedo decir que ya sabes que te entiendo mejor que nadie. He pasado lo mismo que tú, pero con el árabe. Ya dediqué una entrada al tema y querida mía, ¡no puedo añadir nada más a lo que tú acabas de expresar!

  7. ¡Qué identificada me siento con esta entrada! Y estoy totalmente de acuerdo contigo, no deberíamos forzarnos a hacer algo que no nos guste sólo para ganar unos eurillos más (o muchos eurillos, según el caso). Creo que la mayoría de nosotros hemos elegido ser traductores por vocación, por amor a los idiomas y a los textos (y quizás por otras razones), pero sabíamos muy bien (¿o no?) antes de empezar que el camino no iba a ser fácil y que no nos íbamos a forrar con esta profesión.

    Para terminar, me gustaría citar unas frases, no de tu artículo (aunque si lo estoy comentando, es que obviamente me ha interesado mucho) sino de uno de los comentarios, más precisamente el de marillescas, unas frases que me han encantado y resumen muy bien todo lo dicho en tu entrada: « Con el miedo económico metido en el cuerpo, se intentan correr los menos riesgos posibles – “la incertidumbre del mañana” – y la pasta se vuelve la medida de todas las cosas: un fin más que un medio o un complemento de la vida que queremos vivir. (…) Al final, resulta que lo único que vamos a poder conservar siempre – aunque haya crisis, no tengamos trabajo ni dinero y nos embarguen la casa – son nuestros principios. Entre ellos, la honestidad y el ser fiel a uno mismo ».

    • Si es que nadie nace sabiendo lo que quiere :)

      Creo que estás en lo cierto, la mayoría de los que nos empeñamos en ser traductores al final lo hacemos porque es lo que nos gusta, y no tiene sentido torturarse con algo que no te hace feliz. Es que Mar es muy sabia, ¡lo suscribo! Gracias por comentar.

  8. Pingback: El deseo de un traductor cualquiera « Letras de Sastre

  9. Hola, Nieves. Me ha gustado mucho tu entrada y me alegro de que descubrieras lo que quieres hacer y lo que no. ¡En realidad, te diste cuenta muchísimo antes que la mayoría de la gente! Eso es un gran alivio, y seguro que ya no te vuelve a pasar algo así. Yo tuve un “encontronazo” de ese tipo con el árabe, así que nada, lo cambié por el francés y ahí se quedó… :)

    • Hola, Natalia.
      La verdad es que sí, en ese sentido tuve suerte y en cierto modo me alegra no haberme echado para atrás, aprendí mucho a pesar de todo. Eva también tuvo sus cosillas con el árabe y lo mismo le ocurre a la mayoría de compañeros que estudiaron ruso. Son lenguas complicadas y con el poco acceso a materiales buenos que tenemos es complicado. ¡Me alegro de que no te atraparas!

  10. El japonés tiene algo especial. Yo solo lo estudié cinco días (un total de 30 horas, creo), en un curso de esos intensivos para conseguir 1 crédito en la universidad. Recuerdo la noche de antes del examen de aprovechamiento del cursillo como una de las peores de mi vida. Me pasé esa noche soñando trazos de hiragana (y eso que no llegamos a aprender kanji, solo los dos silabarios) y me levanté con náuseas, vómitos, un dolor de cabeza de campeonato y hecho polvo en general. Después del examen, que fue mucho más fácil de lo que imaginaba, me fui a dormir y al día siguiente desperté totalmente recuperado. Japonés, nunca mais.

    • Es tan complicado que como para no ser especial… Supongo que todos tenemos una especie de relación amor-odio con él. ¡Me siento tan identificada! Me he levantado muchas noches con sudores fríos soñando con kanjis y sus trazos, llega a obsesionar cuando tienes un examen de más de 100. Ahora lo echo un poquito de menos, la verdad.

  11. No sabes cuanto me identifico con tu relación con el japonés. Yo me vine a Barcelona cruzando España para hacer la carrera de traducción con japonés, con toda la ilusión del mundo. Pero ahora que voy por mi segundo año de carrera (aunque es mi cuarto año estudiando japonés) tengo una motivación nula y se me quitan las ganas de hacer japonés, se me han quitado las ganas hasta de irme a Japón. Tengo claro que no voy a abandonar el idioma porque de momento me las apaño para ir aprobando, pero la gente no entiende mi desilusión. Hay quién me lo ha llegado a echar en cara porque desearían tener mi plaza y piensan que les estoy quitando el sitio. A lo mejor con el tiempo le vuelvo a coger las ganas no lo sé o me pasa como a ti y lo abandone por completo, el tiempo dirá. ¡Gracias por el post!

    • ¡Hola, Manuel!

      No te tenía por Twitter, enmendaré mi error :) ¿Lo estudias en la UAB? No sé si habrá cambiado mucho el panorama, pero el mayor problema era el cambio de nivel de unos semestres a otros. Intenta encontrar el ánimo para terminarlo, simplemente, pero no te presiones demasiado ni dejes que nadie te intente quitar más aún las ganas. Quizás cuando lleguen a cuarto te entiendan: en mi promoción quedamos 9 personas, y de esas, 6 acabamos totalmente desilusionadas.

      El tema de la plaza me suena tanto… Ni puñetero caso, noi. Tú has sacado la nota que te pedían y has conseguido la plaza por derecho, seguramente el que viniera detrás de no ser así se habría acabado desmotivado antes o después. O no, es imposible saberlo, así que ¿qué sentido tiene? De todas formas, una persona que sacara una nota baja que le impidiera tener plaza en japonés no creo que durara ni un telediario, se le haría durísimo. Lo digo sin ánimo de sonar elitista, no creo que las notas lo digan todo (a veces nada) sobre nadie, pero para sacar más de un 7,5/8 en bachiller hay que ser muy listo o esforzarse mucho, y aún con eso hay gente que acaba muriéndose con el japonés. Ni siquiera lo has abandonado y seguirás aprendiendo cosas, sobre todo sobre ti mismo: si eso es desaprovechar una plaza es que el mundo está loco.

      ¡Gracias a ti y ánimo!

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