¡Traductor tenías que ser!

Esto es lo que pensarán muchos viendo la que hemos liando hoy, 30 de septiembre, para celebrar a nuestra muy personal manera el Día Internacional de la Traducción. Como casi todos sabréis, muchas asociaciones como ASETRAD y APTIC celebran cada año este día organizando diferentes actividades relacionadas con el mundo de la traducción, todas altamente recomendables. Yo lo he hecho llegando tarde a mi primera clase de multimedia del MTAV. También tengo que darle las gracias a Manuel de los Reyes por elegir justo este día para publicar en su columna, La mano izquierda de la traducción, una entrevista sobre traducción literaria que América Garoña, Cristina Aroutiounova, Laura Carasusán, Rebeca Vicedo, Vicent Torres y una servidora tuvimos el placer de contestar.

No puedo comenzar a decir las tontás que me caracterizan sin ponerme un poco seria y moñas para felicitaros a todos por resistir en esta profesión tan, a veces, ingrata. Los que acabamos de empezar no acertamos a agradeceros lo suficiente el simple hecho de que sigáis ahí, que nos hagáis caso por Twitter incluso cuando lo que tenemos que decir diste de ser interesante y que nos intentéis contagiar de ese entusiasmo que tan rápido se pierde viendo cómo funciona el mundo. Que nos hagáis sentirnos menos raros por amar de verdad nuestra profesión, aunque haya quien no lo entienda. He tenido la suerte de conocer a un montón de gente interesante este último año gracias a la ayuda de la fuerza suprema que mueve el universo: internet. Entre esas personas se encuentra Maya Busqué, estupenda presidenta de l’APTIC y mejor persona, a la que iban a entrevistar esta mañana en Com Ràdio. A mí me gustan mucho los gaticos, los monetes y conocer más sobre la cría de la rana malva, pero a todos nos ha decepcionado ver que esos apasionantes temas (y otros más surrealistas que se os puedan ocurrir) son más importantes que dedicarnos, como colectivo que está de celebración un mísero día al año, cinco minutitos en antena. Por eso, como somos unos desgraciaos, hemos querido expresar (por vez doscientos) nuestro descontento hacia este tipo de feos y vacíos que hacen que los traductores seamos entes invisibles que a nadie le interesan. La parte buena es que, como bien dice el presentador en sus disculpas, somos una piña (de locos exaltados) y podemos permitirnos ir a trollear con mucho estilo muros ajenos. Like a boss.

Espera... ¿está enseñando a coser a un león?

Como hace rato que he perdido el tono solemne, quiero celebrar este día de euforia traductoril analizando a nuestro patrón, San Jerónimo. Antes de nada, tengo que decir que mi ateísmo no es ningún secreto. Durante cierta etapa de mi infancia me dio por presentarme ante la gente tal que así: “Hola, me llamo Nieves, tengo 9 años y no creo en Dios”. Esto producía, en primer lugar, mucho estupor en mis interlocutores, que generalmente eran padres de amigos. En segundo lugar, la gente se daba la vuelta y corría muy lejos con su hijo del brazo (dramatización). Sin embargo, como traductora que soy, no me quiero cerrar y acabar teniendo una visión ignorante en la que mi ateísmo equivalga a un interés cero por la religión que, me pese o no, es parte de la historia y la cultura de este mundo raruno. Por eso, haciendo un gran esfuerzo de búsqueda en Google (mentira), me he querido informar un poco más sobre este buen hombre del que, tonta de mí, no sabía nada de nada. Leo un poco sobre su traducción de la Biblia al latín (a la que se conoce como Vulgata) y me dispongo a ver cómo lucía nuestro señor patrón. Una de las primeras cosas que encuentro es la foto que veis arriba. ¿Un traductor que enseña a los leones a hacer calceta? Al parecer no era esta su actividad principal, por lo que veo en otras fotos. Rápidamente me he centrado en la que, creo, es la imagen que mejor le describe. Es decir, esta:

Se le ve muy animado.

San Jerónimo es un patrón requetebien escogido. Como podéis observar en este cuadro tan poco exagerado y barroco, era un tipo desnutrido por culpa de las bajas tarifas de traducción y no le quedaba mucho a final de mes para ropa. Mira que por aquella época no había mucha competencia, pero la cosa ya auguraba lo peor. El cuadro refleja también en sus ojicos una gran falta de sueño, tan típica en todo traductor trabajador que se precie. Suponemos que se despierta por las noches creyendo que ha encontrado la traducción correcta para ese término tan puñetero, pero no, solo le sale “lorem ipsum dolor sit amet”. Eso le pasa por haberse hecho un blog anteayer. Se nos distrae. El hombre solo quiere comer, dormir y traducir la maldita Biblia tranquilo, pero es que esta vida es muy dura y se ve que Dios aprieta y también ahoga hasta que no le has enviado el encargo terminado… y baratito, por favor. Otra de sus grandes virtudes es que, dentro de su recogimiento como autónomo, sabe rodearse de la gente adecuada: mirad sino esa bella calavera de unos hermanos siameses (eso, o lo que sea) que le acompaña. En otras representaciones de este buen hombre se ven más calaveras. Vamos, que tenía muchos colegas de profesión, solo que en el otro mundo. No quería competencia, supongo.

Mientras, con un libro delante y la tinta ya seca piensa “¿Por qué no me metí a panadero? Al menos la gente me diría cosas bonitas sobre mis baguettes”. Ahí está, como bien indica nuestra buena amiga Eugenia Arrés, “a Dios rogando y con la mazo-cruz dando”. Como me decía mi padre por teléfono justo ayer, es como se sobrevive en esta y otras profesiones: hay que quejarse de todo aquello que es injusto, pero también hay que dar el callo. Como podéis observar en la esquina superior izquierda, también acabó usando trompetilla de tanto ponerse el volumen alto cuando le hacían un encargo de subtitulación: los desgraciados no enviaban el guión. Ser traductor le cuesta algunos disgustos a tu salud, y eso te afecta al ánimo. No sabemos si fue antes o después de este cuadro que expresa el amor-odio de nuestro patrón por su trabajo y no queremos alimentar la leyenda más de lo necesario pero, por el bien de esta historia sense cap ni peus vamos a asumir que, en un acto de cabreo por el poco caso que nos hacen a los traductores, le puso unos llamativos cuernos a Moisés. ¿Qué? Se lo merecía, era de esos que van por ahí fardando de separar las aguas, con un montón de fans detrás. Y es que, amigos, si hay una lección imborrable que podáis aprender de esta entrada es que los traductores reptamos en las sombras esperando a vengarnos de todos vosotros y vuestra indiferencia. Ehm… quiero decir…. ¡feliz día del traductor! Apadrina a uno.

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32 pensamientos en “¡Traductor tenías que ser!

  1. ¡Qué grande, Nieves! Mi entrada de San Jerónimo no ha sido tan genial. ¿Por qué no nos habremos metido todos a panadero u otra profesión? Es que nos gusta sufrir esos plazos ajustados, esas tarifas tan injustas y la indiferencia del público, y bueno, aquello de: ¡la culpa siempre es del traductor!
    Abrazos :D

  2. No sé di decir un “¡viva San Jerónimo! :)
    Me ha encantado la entrada, Nieves. En mi caso particular (y haciendo honor a mis compañeros de oficina traductoril durante unos cuantos años), ya conocía a San Jerónimo por la curiosidad innata que nos da al gremio cuando no sabemos algo superinteresante (¡já!). Así que nos pusimos a indagar y descubrimos quién era nuestro patrón (el santo, no el cliente). De ahí saliendo varios esperpentos durante una semana, porque las bromas están para que perduren en el tiempo… Hasta que gran compañero gestor y localizador Alberto se preguntó, haciendo referencia al encargo de la Biblia que recibió San Jerónimo: “¿Y San Jerónimo le mandaba queries a Dios?”.
    Es una frase mítica que ayer aproveché para compartir con muchos. Ahora sé que lo hacía a través de la trompetilla, claro está :)
    Un abrazo a todos los compañeros, wannabe-translators y mecenas de la traducción.
    Eugenia

    • ¡Gracias, Yeyu!

      Ya vi por Twitter que eres una experta en Sanje, de hecho esta entrada te la debo a ti, porque si no ni me habría enterado en años de la existencia de este simpático y torturado hombre. Buenísima la frase de los queries, hay que canonizar a ese compañero tuyo.

  3. ¡Genial, Nieves! Un artículo crítico, lleno del mejor sentido del humor. Me he reído un montón antes de irme a la cama, así se duerme estupendamente. Un beso

  4. Maravillosa entrada, como siempre. Aunque esta es aún mejor, diría yo. Me encanta esa ironía que solo los más cultos pueden permitirse utilizar. Sí, más nos valdría que existiese una asociación llamada Aldeastraductoriles.es para que las grandes multinacionales de la traducción pudiesen donar dinero (a cambio de ahorrarse impuestos, claro) y ayudar a los pobres traductores necesitados del dinero que les falta para llegar a final de mes.

    Por otra parte, tu interpretación del cuadro de San Jerónimo nos deja clarísimo que te conoces el museo del Prado de pe a pa y que, ya de bien pequeñita, acudías para pasarte horas observando cada cuadro, analizándolo, destripándolo y, sobre todo, intentando encontrar una explicación de todo sin tener que acudir a creencias religiosas sino, más bien, bien cuerdas y racionales.

    En fin, que feliz día del traductor. Aunque me hubiese gustado escribir una entrada sobre este nuestro día, no lo podría haber hecho nunca mejor que tú, así que, prefiero utilizar mi energía para compartir con el mundo tu entrada y que otros disfruten, en vez de intentar hacer una mierda y no llegar ni al pedo.

    Un beso.

    • Muchas gracias, Curriña :_

      Vamos a tener que dejar un poco de lado Traditori para impulsar esa asociación que propones a este paso, me parece a mí. Y junto con lo del apadrinamiento, todos nuestros problemas solucionados.

      Me has calado con lo del Prado, la verdad. La primera vez que vi el cuadro del perro semihundido te juro que estuve 20 minutos allí parada. Todavía no sé qué tiene, pero oye… ¿qué puede superar a un león aprendiendo a hacer calceta?

      Y sobre eso último, ¡querer es poder! El año que viene no te escapas.

  5. Hola. Ya tenía la entrada leída hace días, pero ha venido semana ajetreada. Me he reído mucho, Nieves. Sobre todo con la foto del león y el traductor. Parece que Jerónimo se acercaba a un cliente que lleva un tiempo en boca de todos. La imagen viene al pelo. ¿No has pensado en hacer un curso de escritura creativa? Me mola cómo escribes ;)

    • ¡Gracias por dedicarle un trocito de ese ajetreo a leer la entrada, Ana!

      Lo del león todavía no me deja dormir por las noches, de verdad. Nunca me lo he planteado, aunque escribo mucho por gusto para mí misma. Algún día, algún día… :D

  6. Me he reído un montón con tu artículo :D. No me extraña que canonizaran al tal San Jero, que traducía así, a pelo, por cuatro perras y teniendo que pasar los filtros de calidad de la Iglesia…
    El león que hace calceta está claro que es la mejor mascota que un traductor puede tener. No solo es como un gatito grande, sino que cuando no le da para pagar la calefacción, el león le hace jerséis. Si un cliente se pone chulo, le azuza al león y todo arreglado ;-)
    ¡Sigue escribiendo con tanta frescura!

    • ¡Muchísimas gracias, Judith! Lo intentaré, como las lechugas :D
      Lo de los filtros de calidad de la Iglesia seguro que era lo más duro, tal y como se las gastaban. No había pensado en lo de los jerséis, es un movimiento muy interesante por su parte.

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