Encontrar las palabras adecuadas

Empezar siempre es difícil. Hacerlo bien es mucho más complicado. Bienvenidos al día a día de un traductor: siempre en busca de lo adecuado, lo que funciona, lo que deja un buen sabor de boca. Una de las cosas a las que he tenido que aprender a enfrentarme en los últimos tiempos es a sentarme delante de algo y no ponerme a mí misma cien excusas para salir corriendo atemorizada. A veces el miedo a no estar «a la altura» te hace no estar a secas, cosa que no es mucho mejor. Echando la vista atrás, incluso retrasar esta primera entrada no ha sido bueno. En determinados momentos he sentido que tenía algo importante que decir, pero no tenía dónde.  Pues eso se acabó.

La gente lo pide en las calles

Llevo un tiempo pensando en la importancia que le damos a los errores y en lo que se puede aprender de ellos. Desde luego, la pasividad ayuda a no cometerlos. También a ser invisible. La despreocupación, por su lado, ayuda a vivir con la cabeza un poco más despejada, pero también nos acaba haciendo descuidados. Ninguna de las dos cosas funciona en la vida de un traductor. A veces, no siendo una cosa ni la otra, uno mete la pata hasta el fondo. Quizás su error cambie muchas cosas, o quizás pase inadvertido durante años hasta que alguien se dé cuenta y se eche las manos a la cabeza. Quizás, aunque importante, sea tan desconocido que acabe en una entrada de blog perdida entre miles de datos. Todos cometemos errores, la pregunta es ¿qué pasará con ellos? El otro día me preguntaba precisamente esto cuando, curiosamente, nuestro profesor de Leyendas medievales, Antoni Rossell, nos contó una anécdota interesantísima que tiene mucho que ver con el lenguaje y con equivocarse. La protagonista no es otra que Cenicienta y en el papel secundario tenemos al Sr. Presunto Error de Transcripción. ¿Nunca os ha llamado la atención que los zapatos de Cenicienta fueran de cristal? Claro, es un cuento de hadas, todo es posible, y más después de pasar por las edulcoradas manos de Disney. Sin embargo, parece retorcido que una simpática hada nos regale unos ¿comodísimos? zapatos de cristal para ir a un baile de la realeza. Sí, señores, a un baile. Es posible que en algún momento hayamos pensado: «serían espectaculares, pero también un rato frágiles e incómodos». Ahí todos nos paramos, sonreímos y decimos «cosas de cuentos». Pues no, amigos.

No duelen nada, de verdad...

Para entender lo que pasa aquí no podemos olvidar que se trata de un cuento de tradición oral. Como sabréis, una de las versiones más famosas (y la más antigua que consta por escrito, si no me equivoco) es la de Perrault, titulada en francés Cendrillon ou La petite pantoufle de verre. Ay, el verre, más conocido en estas tierras como vidrio o cristal en este caso concreto… Pero, espera, en muchos sitios este cuento aparece citado como La petite pantoufle de vair. Vaya, sabiendo un poquito de francés y otro poquito de fonética algo llama la atención. Vair se pronuncia ¡sorpresa! prácticamente igual que verre. La pregunta es: ¿qué significa vair? Pues ni más ni menos que vero. Resulta que el vero es un material hecho de piel de «petit-gris», un tipo de ardilla Siberiana (como corregía Yuste Frías en los comentarios), muy utilizado para confeccionar las vestimentas de hombres y mujeres pertenecientes a clases (muy) altas en la antigüedad, y también presente en la heráldica. En otras palabras: un material con el que se pueden hacer perfectamente unos zapatos cómodos, con clase, aptos para bailar, caros y propios de una princesa de la época. Al parecer su color cambia con el reflejo del sol, un efecto bastante similar al que se produce en algunos tipos de vidrio. Curioso cuanto menos ¿no creéis? Teniendo en cuenta que hasta la versión escrita de Perrault la historia circulaba de forma oral, sería bien posible que se tratara de un error de transcripción. Por otro lado, se dice que Perrault eligió utilizar el vidrio a conciencia, ya que en su época este material era más difícil de formar que el oro (que, por ejemplo, aparece en la versión china del cuento) y por tanto no dejaba lugar a engaños por parte de una plebeya. Quizás Perrault, un gran especialista en lengua francesa, fuera consciente de la importancia del material del que estaba hecho el zapato y por ello lo cambiara por otro más acorde e igual de caro/exclusivo en su época. ¿Cometió un imperdonable error o tomó una decisión de adaptación arriesgada? Veamos qué piensa nuestra protagonista:

Say WHAT?

Me parece que se ha quedado de piedra. Lo sé, Cenicienta, si esta anécdota es cierta tu noche movidita habría sido mucho más cómoda, pero ¿no es bonito aprender de los errores, aunque a veces dejen marca, como un zapato de cristal? Hace que las certezas dejen de existir por un momento. Replantearse las cosas nunca está mal. Mi consejo para las nuevas y atemorizadas generaciones es: no tengáis miedo a fallar, pero tampoco le perdáis el respeto. Si hay algo que he aprendido en estos cinco años es que para encontrar las palabras adecuadas casi siempre hay que equivocarse antes. O como dijeron mucho mejor los señores de Aerosmith: you’ve got to lose to know how to win.

44 pensamientos en “Encontrar las palabras adecuadas

  1. Pobre cenicienta. Aunque si eran de tacón da igual que fueran de cristal o de vero, lo iba a pasar mal anyway. En fin Neus, me alegro de que te animes de nuevo a escribir. Seguro que no es un error. Ya tienes aquí a una lectora fan ^^

  2. Todo por hacerle caso a Perrault. Si Disney les hubiera hecho caso a los hermanos Grimm, tendríamos una pantufla dorada y un cuento mucho más movidito, de lentejas entre cenizas y Cenicientas que se encaraman a los árboles, y mucho más sangriento también, claro, con sangre chorreando del zapato de marras (“Rucke di guck, rucke di guck, Blut ist im Schuck (Schuh)! Der Schuck ist zu klein, die rechte Braut sitzt noch daheim”) y tal…

    ¡Felicidades por el post, Nieves! Oye, y gracias por convertirme en maestro jedi… ¡No me merezco ese honor!

    • ¡Vivan los Grimm! Dónde va a parar. Para mí siempre será la pantufla dorada, si tuviera que cometer un delito sería robar la edición de los cuentos de los Grimm que tienen en la biblioteca del centro cultural de Rivas (lo he sacado tantas veces que, total, ya es casi mío x’D). Me hizo gracia porque al leer sobre todo esto vi que en la versión china también eran de oro…

      ¡Gracias, Julia! Es el menor de los honores que mereces ;D

  3. Muy bonito. Ah, que no nos estabas contando un cuento… Pues me lo ha parecido ;)

    Yo creo que lo que hizo Perrault es, en parte, lo que haríamos muchos de nosotros. Tal vez no estuviese seguro de cuál de las dos palabras era la que correspondía al cuento (como nos pasaría con veneno y pez en francés, que se pronuncian igual), así que, decidió optar por la más estrambótica que, al fin y al cabo, él era el escritor y quería ponerle un toque de su estilo :)

    Y sí, sin errar no se aprende, y si tenemos miedo a errar, es como si tuviésemos miedo a aprender.

    Enhorabuena por la entrada, por el blog y por el éxito que tendrás en el futuro ;)

    • ¡¡¡OY!!! ¡¡¡Si soy una maestra Jedi de la traducción!!! ¡Pero qué bien! :)

      Me pregunto si podré usar «La Fuerza» para hacer mis traducciones mientras paseo por las calles de Londres…

      • Home, i tant! Yo lo intentaría, a mí como soy una yogurina de momento no me funciona esto de “La Fuerza”, pero todo se andará…

        ¡Me alegro! Yo pienso lo mismo, cuando nos explicó por encima la anécdota no me tenía dudas, pero ahora que he leído cosillas ya no sé qué pensar. Al fin y al cabo, en aquella época no tenían Google para mirar estas cosas. Perrault, te perdonamos, hombre, vamos a creer en tu buen hacer.

        Esto de los errores es así, y cuanto más se interioriza menos se comenten. Gracias por tu predicción futurista, espero que sea verdad (pero será siempre gracias a vosotros).

      • José:

        Sí, algo así me habían dicho. Ten en cuenta que yo no hablo francés :) Lo poco que sé es lo que me chapurreaba mi padre cuando era pequeña con la intención de ver si, así, podría yo aprender francés. Precisamente, me explicó la anécdota de estas dos palabras, de que tienen una pronunciación muy parecida y que, si te olvidas de vibrar la s, la fastidias (de hecho, conozco mucha gente que no puede hacer vibrar la s, así que, para ellos, la pronunciación sería igual).

        Serían tan homófonas como vaca y baca pronunciada por un catalán o balear, donde sí que diferenciamos la v de la b :)

        Pero vale, aceptamos barco, que seguro que sabes más francés tú que yo ;)

  4. Hermana, a esto le llamo yo entrar por la puerta grande. No todo el mundo puede presumir de un primer buen post. Y este es interesante, muy bien escrito, divertido y con tres captions impagables.

    Primer post ON FIRE. Viva tú!

    • Cómo se nota que eres mi hermano y me quieres mucho. También se nota en que algo bueno se me tenía que pegar de estar todo el día en tu cuarto dándote la plasta ¿no? Me alegro sobre todo de que te gusten las fotos, sabía que te llegarían al corazón.

      ¡Vivan tus enseñanzas! Y gracias, pero eso ya lo sabes.

  5. Mira que soy ajeno al mundo de la traducción, pero echaba de menos leerte en un blog. Que tiempos cuando, aunque fuese brevemente, compartíamos blog ^^

    Me gusta mucho, y ya tengo algo interesante que contar mañana en la cafetería de la uni, para dejar de decir payasadas xDD

    Welcome back!

  6. Una entrada escrita con mucha certeza y seguridad, bien documentada y perfectamente hilada. Se desprende de toda ella un gran gusto por la profesión.

    ¡Enhorabuena, de verdad! Ha sido más que interesante la entrada.

  7. ¡Me sumo a las felicitaciones! La verdad es que no tenía ni idea de esta curiosidad y me he quedado de crist… esteeee, de piedra. :D

    Esto también demuestra varias cosas, y es que precisamente muchos errores son perdonables y hasta graciosos. No sé, yo prefiero los zapatos de cristal, son más potitos (claro, como yo no los voy a llevar… :P).

    Aprovecho para spamearte con una cosa que escribí hace tela de tiempo sobre un error de traducción en el Street Fighter II que se convirtió en leyenda urbana que guarda relación con esto… :P http://algomasquetraducir.com/2007/06/22/un-error-de-traduccion-convertido-en-leyenda-urbana/

    ¡Sigue así! ^_^

    • ¡Muchas gracias! Es bastante curioso, sí. ¡Ahí quería yo llegar! Al principio había escrito un parrafito sobre Cleopatra, por aquello de que no se suele decir que era más griega que una columna dórica, y explicaba justo eso… Al final el resultado del cuento no cambia y tenemos una historia curiosa para contar. No sabía lo que era el vero hasta que me puse a leer, pero desde luego no es más bonito que el cristal ^^

      ¡Oh, esa entrada la voy enseñando por el mundo! De hecho me he acordado de ella mientras escribía esto x’D Es que me conozco tu blog al dedillo :_

      ¡Lo intentaré!

  8. O_o ¡Qué genial! Nunca me paré a pensar en los zaptos de cenicienta…era un princesita, ¿por qué no llevar unos zapatos de cristal?

    Me ha encantado la entrado, nunca nos acostaremos sin saber algo nuevo.

    Felicidades por el blog :D

    • ¿Verdad? Yo tampoco me había parado a pensarlo demasiado, como tú bien dices es una princesa y todo lo que sea opulencia le pega bastante.

      Me alegro de que te haya parecido interesante, yo también he aprendido un par de cosas escribiéndola.

      ¡Espero verte por aquí!

  9. ¡Jajaja! Qué entrada más curiosa, la verdad. Nunca se me habría pasado por la cabeza que los zapatos de Cenicienta podrían haber sido de otro material y que igual pudieran tener algo que ver con la traducción.
    Y, por cierto, a mí me gusta el diseño de tu blog ;)

  10. ¡Enhorabuena, Nieves!

    Cuidados y mimados peritextos icónicos para-traducir una más que cuidada y reflexiva redacción. ¡Excelente estreno!

    Grandes figuras de la literatura francesa, como Honoré de Balzac o Anatole France, también creían, como tú y tu profesor, que Perrault cometió un error al escribir «verre» y no «vair» (palabra que, en francés, por cierto, es la piel no de la «marta cibelina» sino del «petit-gris», un ardilla de Rusia, de Siberia más concretamente).
    La elección de Perrault no fue ningún «error». Alguien que fue miembro de la «Académie française» conocía perfectamente la homofonía de las dos palabras. Por otra parte, y dicho sea de paso por lo que nos toca a quienes nos dedicamos a traducir, un error de tal calibre (repetido unas cuantas veces a lo largo del cuento) no habría escapado a ningún corrector de galeradas de la época y, mucho menos, al propio autor.
    Sencillamente, la elección de ese material tan «raro» se hizo para traducir en el cuento un muy determinado imaginario simbólico que algunas culturas eróticas, como la China, siguen cultivando hoy en día (por suerte para algunas mujeres o por muy por desgracia para otras): el erotismo del pie pequeño sin par como signo de una virtud, de una distinción y de una belleza extraordinarias. Me ahorraré aquí cualquier comentario sobre «la tradición milenaria» de los pies vendados en China porque no es el momento ni el lugar.
    Un calzado de cristal se ajusta sólo a un único pie, mientras que uno de piel puede ajustarse a más de un pie que tenga, más o menos, la misma talla. Perrault no fue el único autor que eligió un material «raro» para el calzado de Cenicienta. En la versión de los hermanos Grimm el calzado también es de otro material bastante «extraordinario». En efecto, las «pantoufles» no son de cristal sino de oro, otro elemento simbólico para traducir la «rara y extraordinaria» belleza sexual del pie pequeño y único. De hecho, en la versión alemana cuando las hermanastras intentan probarse las «pantoufles», se mutilan los pies hasta llegar a ensagrentarlos, tal y como has ilustrado tan bien en uno de tus peritextos icónicos.
    Se me ocurren unas cuantas reflexiones más sobre el nombre propio de Cenicienta para hilar todavía más fino la interpretación simbólica que acabo de sugerir, pero no quiero extenderme demasiado en mi primer comentario en tu blog. Mejor, si acaso, ya lo haré en el mío… si me acuerdo:

    http://www.joseyustefrias.com/index.php/blog

    Lo dicho, me ha encantado tu primer artículo con el que has entrado por la puerta grande en este mundo de los blogs sobre traducción.

    ¡Bienvenida, Nieves!

    • ¡Vaya, muchísimas gracias por tus palabras, José!

      Es todo un honor que me comentes y que hayas disfrutado con la entrada. Sobre todo tengo que darte las gracias por la aclaración, me moría por que alguien me diera más información al respecto. Encontré poquísimas referencias a este posible malentendido, y mi francés no es precisamente fluido… En cualquier caso, no tenía la misma certeza de que fuera un error que mi profesor, que parecía bastante convencido, precisamente porque Perrault era un gran experto en su lengua, como indicas. La versión con la que más familiarizada estoy desde pequeña es la de los Grimm, así que no las tenía todas conmigo. Te agradezco de verdad que hayas gastado un ratito de tu tiempo en contarnos algo más al respecto. Espero esa entrada completa sobre la Cenicienta con ganas.

      Sobre la piel de marta, estuve a punto de no ponerlo, encontré la información en un blog sobre zapatos (no tenía pinta de ser el lugar más fiable del mundo), pero me sonaba que mi profesor había mencionado otro animal (justo el que tu indicas) ¡gracias por aclararlo!

      No me queda más que volver a darte las gracias por tu estupendo comentario, espero seguir haciendo entradas que os interesen.

      ¡Un saludo!

  11. Me ha encantado esta entrada, no sólo por el tema sino por la forma en la que expresas los miedos a los que nos enfrentamos muchas más veces de las que quisiéramos. Me he sentido totalmente identificada cuando hablas de “salir corriendo” o postponer algo por puro temor o inseguridad. Enhorabuena y adelante.

    • ¡Muchísimas gracias! Creo que son cosas a las que todos más o menos nos enfrentamos en ciertos momentos, no sólo con los estudios y el trabajo. Nos toca pulirlo poco a poco. Escribiré más sobre esto en el futuro seguro y espero que también te sientas identificada (significará que no estoy loca x’D).

      ¡Un saludo!

  12. Felicidades por la reciente inauguración de su blog, señorita Neus, la primera entrada ha estado a la altura de mis elevadas expectativas. Estaré atento para que no decaiga la cosa.

    Atentamente,
    un mosquetero subyugado por una mosquetera.

  13. ¡Nieves!
    ¡Que he encontrado esto frikeando! jeje. Muy muy buena entrada,¡ me sumo a las felicitaciones! También me he sumado a esto de los blogs…
    Esperaba verte en las conferencias de audio descripción del pasado jueves y viernes, ¡pero nada!
    Estamos en contacto, un abrazo!!

    • ¡Señorita Garazi, usted por aquí! :D

      Muchas gracias por pasarte, ¡me alegro de que te guste! Ahora mismo te añado a mis enlaces, rauda y veloz. Sólo te falta hacerte una cuenta de Twitter (si es que no lo has hecho ya).

      No pude ir, tenía exámenes mortales, pero veo que has hecho una entrada hablando de ellas así que me conformaré con eso ¿estuvieron bien? El miércoles estuve por la tarde en la facultad, pero no os vi por allí.

      ¡Nos leemos!

    • Se me había pasado responderte, señorita.

      De vez en cuando parece que hasta aprendo cosas en la universidad y todo… ¿Sabes lo que espero yo? Que tu blog me deje poner comentarios algún día x’D

  14. Lo prometido es deuda.
    Me ha gustado mucho cómo has escrito esta entrada, super original! Me has inspirado para volver a escribir en mi blog. Me faltaba inspiración, y ganas, para qué nos vamos a engañar. Sentía que no tenía nada que contar y no estaba con ánimos para casi nada pero las cosas han cambiado y tu entrada tiene chispita jaja.

    Me ha encantado la anécdota de Cenicienta, fíjate que muchas veces pensamos que esas pájaras de zapatos de cristal o niñas que flipan con conejos blancos y naipes andantes son las ideas locuelas de los dibujantes o guionistas de Disney jaja, pero en este caso parece ser una mezcla de lost in translation y flipanditis aguda. A saber cuántas más cosas de estas nos habrán colado.

    • Gracias por no olvidarte, Verónica.

      Me alegro de oir eso, si vuelves a escribir ya habrá servido para mucho. Además ahora parece que las cosas van a ir a mejor ¿no? Seguramente tengas mucho que contar a partir de hoy. Lo de la Cenicienta es, como poco, curioso. Parece mentira lo poco que sabemos del pasado menos reciente, aunque es genial cuando te cuentan cosas así.

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